solo corro luego existo
24Feb

Solo  

Este no es artículo dedicado a Han Solo. Fans de la Guerra de las Galaxias, sacad vuestros ojos de aquí. Voy a hablar de correr solo, sin Chewbacca, sin compañía. Elogio del corredor solitario. Contra todos los que defendéis que es mejor correr con alguien, hete aquí mis 15 motivos para no correr mal acompañado.

 Y no será fácil. La mayoría de estudios defienden que correr con alguien es mejor que correr solo. En el año 2006, la Universidad de Harvard concluyó que entrenar SOLO podía ser malo para tu salud! Los científicos –encabezados por la doctora Elizabeth Gould- monitorizaron durante dos semanas a dos grupos: los solanos y los socializados. Las neuronas de los que corrían acompañados crecían el doble que los que iban solos. Conclusión: “Estos resultados sugieren (que verbo tan cobarde) que sin interacción social, una experiencia normalmente positiva, puede tornarse una influencia negativa en el cerebro”. Veo que este estudio se cita en muchos artículos que defienden correr acompañado… aunque se han dejado un pequeño detalle: el grupo analizado eran ratas. 

corro luego existo rock and roll
24Feb

Rock&Roll

“Salgo a pasear por dentro de mi/veo paisajes que de un libro de memoria me aprendí/Llanuras bélicas y páramos de asceta ¿no fue por estos campos el bíblico jardín? Salta Extremoduro en el MP3. Empieza bien la cosa. Llevo el mejor invento que me cabe en un bolsillo. A excepción, claro está, de un condón. Si tenéis la temeridad de celebrar San Valentín, empiezo con una solemne declaración de amor: ámate más a ti mismo. Y sube el volumen del MP3.

Conquisto la calle. En mallas, abordó el tráfico. Mi semáforo está en ámbar: siempre con la opción “random”, para que salten las canciones aleatoriamente. Saltó de la acera. Temo asustar a una señora mayor con un carro de la compra. Alejarse de la ciudad. Dejar atrás los coches, los edificios, los polígonos industriales. Respingo REM. No sé el título, comosiempre. Perooigoque dice “I’ve had enough, I’ve seen enough, I’ve had it all, I’m giving up/I won the race, I broke the cup, I drank it all, I spit it up”. Se va haciendo el cielo menos gris.

Le otorgo algo de místico al Rock&Roll. Una vez me salvó la vida. Fue en mi primera maratón de montaña. Llovía. Peor que a cántaros. Los charcos se comieron la tierra. Y el agua alicató las piedras. Hacia el 20 había un avituallamiento y por vez primera en mi vida pensé en abandonar y abandoné. Durante un minuto. Me acobardó la espera, la lluvia, el frío. Y me acordé que llevaba el MP3. Con algo de Rock&Roll iría tirando. Tendréis que leer hasta el final para saber si la terminé.

A veces estoy de suerte. Ahora salta U2. Ni más ni menos que Partygirl. Entre las fábricas veo niñatos que se sientan en coches a comer hamburguesas. Tiran los papeles al suelo. La revolución. Me llega el olor a porro. Ya he roto a sudar. La mezcla es cáustica. “I know a boy. A boycalledTrampoline/Youknowwhat I mean”. Me voy alejando del extrarradio. Casi no pienso en el paro juvenil porque me sube el pulso. Miro el reloj. Me voy olvidando de todo.

Llego a las puertas del bosque. Hay un tren que separa la ciudad del campo. Allí todo es más puro, creo. Valdría la pena sacarse los auriculares, pero saluda Rod. “Wake up Maggie I think I got something to say to you/It’s late September and I really should be back at school/I know I keep you amused but I feel I’m being used”. La subida coincide con los acordes. Y voy notando una especie de Guitar hero en los gemelos. Estan rumbosos, hoy, como Zipi y Zape. Concentrado en las piedras del camino ni se me ocurre echar de menos a los Stones.

En el repecho final me atropella Manel. “Unsmacarresus saluden al semàfor i somrius/I mentre arranquen el mésxulo,abans que se’lmengi la nit, et mira alsulls/I juraries que diu:Que ve l’amor, que ve l’amor,que ve l’amorsonantcom un exèrcit de timbals”. Bajo la trialeraateresado, como si fuera Núria Picas. Bum-bum-bum. El corazón me late como en una clase de spinning. Es lo malo del random. A veces corro erecto como un tanque. Hasta que salta la siguiente. Soy un títere vestido con colores ridículos.

Dicen algunos estudios que la música (…) Perdón. La siguiente es FluorescentAdolescent, de ArcticMonkeys. Soy incapaz de entender las frases enteras. Decía que hay expertos que aseguran que con la música adecuada cualquier práctica deportiva puede hacerse con mejor rendimiento, menos cansancio y más sensación de plenitud. En esto le veo un problema: el tiempo. Aguantar una canción que te guste al máximo. O dos. O tres. ¿Qué pasará con la cuarta? Agradecerías vomitar en una cuneta oyendo “Highwaytohell”?

Mierda. Ahora viene “Hurricane” de Dylan. Me encanta, pero la tendría que haber borrado. Dura 8:32. Mecagüenlaputa. La democracia del MP3. Sudado, en medio del monte, con el trasto enfundado en un oscuro rincón prefiero no parar de correr. Se pierden los caminos. Los pinos con sus bolsitas de orugas (cada vez hay más, coño). Ladra un perro a lo lejos. Abro los ojos porque en el monte la mierda de can se puede aparcar sin miedo de multas. Otro día hablamos de los amos de los mejores amigos del hombre.

Iba a sacar a colación otro puto estudio, pero un momento, creo que habrá paz en la tierra. “London calling to the faraway towns/Now war is declared, and battle come down/London calling to the underworld/Come out of the cupboard, you boys and girls”. A veces hasta canto. No a pecho partido. De una manera comedida y discreta. Hasta gorjeo alguna punkarrada. Se me hace corto el camino. Y casi sin darme cuenta estoy de nuevo en el polígono. Entre fábricas y adictos, dicho con todo el respeto hacia los segundos.

A ratos me acuerdo de todo lo te llegaste a meter y ahora me vienes a hablar de vida saludable. De lenteja roja. De “bébete-dos-limones-en-ayuno”. Tus cojones. Tu adición ha mutado: de la droga al deporte. Suena Guns’n Roses. Me da la risa. “I got the shotgun blues, Shotgun blues/I said I don’t know what I did/But I know I gotta move”. Ayer te hiciste 30 quilómetros con dos limones. Hoy 30 más. Vuelve a la droga. Era menos mala.

Vuelvo al barrio con Slash. La señora mayor que antes llevaba al carro vacío va pasito a pasito con la compra. Salto otra vez a la calle. Va a 12 el quilómetro y la admiro más que los los hacéis en 4. Me acuerdo un momento de ti, avi. Tu ya no vas a la compra. Supongo que allí donde estés tendrás el bufet libre que te mereces. Te pienso comiendo una manzana mientras me abraza Antonia Font “I un home tot sol s’avesa i se cuida, quidubtaavui en diad’en Clint Eastwood?/I un home tot sol sopant a sacuina, quidubtaavui en diad’en Clint Eastwood?”. Me llega a saltar en una maratón y seguro que lloro.

Suerte que he llegado a casa. Te molesta que estire en el parquet. Así que allí que me horizantolizo. Esperándote. Pongo cara de haber acabo de subir las escaleras de Rocky con “Eye of thetiger”. Estoy tan feliz que no me importa que suene Adele. Seguro que no me suicido. Intentando atrapar un pie con la mano te miro de reojo. Calibro la distancia que me separa de tu falda. Si tendré energía para subir hasta el piso de arriba. Desabrocharte la cremallera. Montar un avituallamiento en tu cama.

Y sí, ese día acabé la maratón. Gracias al RockandRoll.  Y gracias a que tu no estabas en ese avituallamiento. Porque sabes que hubiera hecho el truco más viejo del Rock&Roll. Dar palmas voceando “Otra, otra” hasta que sonrieras.

 DAVID JOBÉ

 

new york corro luego existo
20Feb

New York

No. Este año tampoco correré la maratón más famosa del mundo. La más mediática. La más deseada. La maratón de Nueva York. Cada vez que la imagino, me encuentro con un doble muro: el precio y la burocracia. Los que la han corrido dicen que es la MECA de los corredores. Pero, realmente vale la pena?

La primera parte son las dificultades administrativas. El plazo de inscripción se abre durante un mes. Normalmente, de finales de enero hasta finales de febrero. La maratón suele ser el primer domingo de noviembre.De manera que necesitas planificar esta carrera con unos siete meses (mínimos) de antelación. Esto es más de lo que tu pareja te exige para planificar las vacaciones. Te lo imaginas? “Cariño, ya es noviembre, has reservado apartamento para este verano??”

Si superas esta primera prueba de verdadera fe en las organizaciones deportivas, tienes que tener a punto una documentación similar a la declaración de renda. Esto es Nueva York. Si estás de suerte, tendrás un nombre y un código para la New York City Marathon, normalmente regalado a corredores de élite. Si eres una persona normal, sigue leyendo.

A continuación te preguntaran por el NYRR. Si no perteneces a un club de atletismo de Nueva York o alrededores, olvídate. A diferencia de las maratones menos famosas, como Barcelona o Madrid, donde tienen las mismas posibilidades de inscribirse los nacidos en Massachussets que en Albacete,  en Nueva York,  existe la prioridad para los nacidos o asimilados por la ciudad que nunca duerme. Hay un primer sorteo para los afincados a 100 quilómetros del área de la Big Apple, otro para los norteamericanos, y otro para el resto del mundo.

Tu dorsal no está garantizado. Vas a sudar, aún. A partir de aquí necesitas una tarjeta de crédito (una que esté activa el día de la maratón) y mucha suerte. Hacia el mes de marzo se hacen los sorteos. Si te toca, se carga en cuenta inmediatamente el importe del sorteo. Esta cantidad ya no será reembolsable aunque te des de baja. Lo normal, vaya. Lástima que no puedas contratar un seguro anti-lesiones para los próximos siete meses…

Llegados a este punto, seguro que te estarás preguntando “No habrá alguna otra manera, coño?”. Pues sí. Te cuento las baratas, según los organizadores. Tienes un dorsal para ti si:

 1) Has corrido 15 veces la maratón (un segundo para echarse a reír o llorar)

 2) Te apuntaste para el año anterior (y pagaste), pero tuviste que cancelarlo.

 3) Hiciste un tiempo acreditable en algunas de las carreras del circuito de Nueva York. A ver repasa: la media Fred Lebow Manhattan? No? Y lamedia de Nueva York? Tampoco? Tal vez lamedia More Magazine/Fitness Magazine Women’s? Bueno… Y la media de Brooklyn? La de Staten Island? LaGrete’s Great Gallop, tal vez? Ya…

Hay otra manera: acreditando tiempos y marcas mínimos en maratones o medias hechas en los dos años anteriores. Este año la organización se enorgullece de haber “relajado” sus estándares.  Por esto ha fijado la marca mínima para hombres de 18 a 34 años en 2:53 en maratón y 1:21 en media maratón.  En el caso de las mujeres, se ha fijado en 3:13 en maratón y 1:32 en media. Tengo 37 años. Entro en el selecto grupo que puede tener dorsal si acaba un maratón en 2:55. No hay tanta droga en el mundo. Tendría que tener entre 60 y 64 años para clasificarme con mi tiempo actual en maratón: 3:25.

Creo que las exigencias no son tan flexibles como sus organizadores presumen en las condiciones. Los atletas populares pueden bajarde 3:30 en maratón, de 1:30 en media o de 40 minutos en un 10.000. Aunque muy por debajo de estas marcas, ya estamos hablando de un selecto parnaso de corredores a los que no está dedicado este blog. Yo no soy runner, yo sólo corro.

Pero si has leído hasta aquí, no te rindas aún. Hay la posibilidad de pagar algo de dinero para tener garantizado tu dorsal. Cuanto cuesta un dorsal mondo y lirondo para la maratón de Nueva York? Según la web 347 $ (unos 315 €). El precio es alto si lo comparamos con otras maratones mundiales. La de Boston cuesta a los extranjeros 175 € aproximadamente, la de Chicago unos 140. Fuera de los Estados Unidos, los precios son más “affordable”. EnTokyo estamos hablando de unos 170 €. Nada que ver con los entre 60 y 80 que cuestan las maratones de Madrid y Barcelona, que van escalando el precio hasta que se llega a un límite de inscritos.

Sólo te queda pagar mucho dinero para meterte seguro en tu maratón soñada. Hay dos opciones: recabar dinero para organizaciones benéficas o pagar a una agencia.

La más reconfortante de las opciones ‘paganini’ de la Maratón de Nueva York es recoger fondos para jóvenes. No sé que porcentaje de gente empezó pensando en correrla por deseo (que es algo legítimamente egoísta) y acabo buscando dinero para chavales. Aunque creo que no serán pocos. Reconoceréis que la fórmula es de lo más endiabladamente fantástica. El corredor, alguien bastante egoísta, que suele correr solo, que se empajilla con sus retos y sus carreras, tenga que besar la meca de todas las maratones haciendo algo (mucho) para los demás. La idea me encanta.

La organización propone dorsal gratis (y “tratamiento VIP”) para los que recojan 2.620$ un mes antes de la maratón. A qué se dedicaran? “A la enseñanza de la fijación de objetivos, la perseverancia, la determinación y el trabajo en equipo, programas de juventud de los niños de la NYRR de la pista hacia una vida saludable y con éxitos”, según la web. Vaya… Lástima que ya no sea un pequeño Bambi, de patas largas y caminar zafio. Qué bien me hubiera ido un programa como estos!

Te imaginas redimir tus pecados recogiendo pasta para un programa para niños? Por cada vez que has comido un gel, un dólar. Por cada vez que no has estirado, otro. Cuantas veces habrás pensado sólo en el cronómetro y no en disfrutar de tus objetivos? Venga… ráscate el bolsillo, pequeño saltamontes.

Hay la opción de pagar a una agencia de viajes que te garantiza el dorsal, pero ya me está sabiendo mal haberles dedicado una línea y media.

DAVID JOBÉ

corro luego existo selfie
10Feb

Selfie

Nunca me he hecho una auto-foto corriendo. Confieso que tengo serios problemas para andar y mascar chicle al mismo tiempo. Cámara, correr, enfocar, sonreír son términos que no mezclo. Como garbanzos y dinamita. Como manicura y túrmix. Creo que los ‘selfies’ son una adición peligrosa. Pero tranquilo. Acabo de terminar un curso CEAC sobre ello. Leer este artículo te llevará menos tiempo que colgar tu último entrenamiento en Instagram.

Acotemos. Hay dos clases de corredores: los que se hacen ‘selfies’ y los otros. Iba a escribir “… y los que me caen bien”, pero perdería la mitad de los lectores al segundo parágrafo. Además sería mentira. Sólo me dan rabia. Envidia, tal vez. Pero no me caen mal. Simplemente no me quiero parecer a ellos. Y mis motivos tengo…

El otro día salí a correr con un Instagramer. Huye de ellos como del Zika. Quería que nos hiciéramos un ‘book’ antes de empezar a correr. Perdí 15 minutos. Durante el rodaje me obligó a tomarle instantáneas a cada subida. Fingía como un cobarde. Bullían en sus sesos putos consejos de ‘coach’ tipo “entrena tu alma”, “las subidas te hacen más fuerte, las bajadas más valiente”. Ponía sonrisa de Kilian, pero tenía alma de donut de chocolate. Dulce por fuera. Vacía por dentro. Al final, sudado y con las bambas polvorientas, no quiso ni una puta foto. Tenía prisa para poner un filtro. Que no se vea la mierda.

Yo esprinté para llegar a Google. Los estudios psicológicos que hablan de las auto-fotos coinciden en una única conclusión: detrás del ‘selfie’ hay una galopante falta de autoestima. Allá voy! Cójanme el lado bueno.

Hay informes que acusan el ‘selfie’ de ser el Lord Voldemort de la vanidad. Concretamente, el Centro de Adiciones de Barcelona (menudo nombre!) concluye que “la gente que exhibe solamente lo que quiere mostrar, construyéndose así una identidad que se pone a consideración de los demás para recibir retroalimentación y ser validada (…) indica narcisismo”. A veces –agrega el estudio- sólo “falta de autoestima”.

Sigo plagiando conclusiones. Se ve que en Instagram hay 96 millones de fotos etiquetadas con #me. Hay 36 millones con #selfie. Bastantes almas esperando un ‘like’, un ‘retweet’ un ‘dame argo’. “Soledad? Inseguridad? Vanidad?”, se preguntan. Tal vez. Qué es un narcisista? Según los adictólogos “alguien dominado por la preocupación por si mismo y cómo es percibido por los demás” A ver, modelo, cuántas fotos te has hecho últimamente delante de un espejo?

Supongo que Narciso era fotogénico. Yo no. Pero querido ‘camerafucker’, TU VIDA es mucho más que TU CARA. Eres una persona o un catálogo de emoji free? A veces repaso tu álbum de fotos y echo de menos algo que no sea TU CARA. Los más fans dicen que lo hacen para fortalecer su comunidad de corredores, para inspirar a la gente con sus entrenamientos, para contar historias y presumir de sus salidas, de sus viajes, de sus amigos. Yo te veo un poco solo haciéndote fotos todos los días con tus amigos…

Así que busco detalles en el fondo de la imagen para que me digan quien eres tú más allá de tu jeta. A veces en el fondo de tus ‘selfies’ veo una cajonera mal cerrada, un camino de piedras, una playa, la Torre Eiffel. Se te ha escapado, verdad? Tu brazo –un palo de ‘selfie’ de metro escaso- no paró atención al fondo. En estas ocasiones es donde tu rostro me deja adivinar quién eres (de verdad). Alguien que tal vez cierre mal los cajones (como yo), o te guste correr por caminos de montaña (te pondría un LIKE), o necesites el contacto con el mar (REBLOG), o te guste París. Aunque evidentemente TÚ eres más importante que la torre Eiffel. Por supuesto. Cuidado que no te caigas desde lo alto de tu ego y vayas a hacerte daño.

Pero lo peor de los ‘selfies’ no son las caras. Son las sonrisas. Siempre sonríes? Vas por la vida con la cara de Joker tatuada en el rictus? En todas tus fotos llevas al límite el fenómeno “Ouistiti”. Sabes que es? Según el fotógrafo danés Peter Skjold Petersen y el experto en lenguaje y dicción Tim Bowen es la palabra más adecuada para pronunciar antes de que tu dedo oprima el botón de la cámara. Lo dice un estudio que Nikon promovió el 2010. Te he dicho que quiere decir “Ouistiti” en danés? Monito. Manda huevos. Te he hecho sonreír? No te hagas una foto, aún.

Pero otros estudios sugieren todo lo contrario. Habéis oído hablar de la “fototerapia”? Consiste en ponerte en pelota picada delante de un fotógrafo y que te saque tu lado más sexy. En Girona hay una reconocida fotógrafa, Nicole Golau, que se dedica a esto. La idea es antigua, viene de la Primera Guerra Mundial. Las novias de los soldados Ryan mandaban fotos guarras al frente. Hace unos años escribió y experimentó sobre ello una periodista del The Telegraph británico, Melissa Whitworth. Posó sin ropa, con posturas picantes, para contar su experiencia en el periódico. Salió encantada. Dijo “desde el momento en que puedes enfrentarte al mundo desnuda, ¿qué más puede darte miedo?”

Otros estudios van mucho más allá. La persona que quiere correr un maratón, la que se enfrenta a la báscula, la que se mata en un gimnasio, necesita apoyo. Habrá dejado los porros, pero necesitará un poco de opio. Conéctate a Twitter, cuelga tu ropa fluorescente en Facebook, presume de culo vigoréxico como si fueras una más de las Kardashian.

Me topé después con un estudio de las universidades de Birmingham, Edimburgo y Heriot-Watt (las tres muy british, credibilidad Harry Potter a tope) que observa: “quienes publican ‘selfies’ de forma exagerada suelen tener relaciones más superficiales y peor sentido de la intimidad”. A algunas personas que no hemos nacido ‘nativos digitales’ este tipo de relaciones nos acongoja. Me gusta Matrix, pero no sé se quiero alquilar un piso de realidad virtual para que me hagas fotos.

En las dos hipótesis: ‘selfie’ bueno vs. ‘selfie’ malo se parte de la misma premisa: no te quieres lo suficiente. Pues menuda mierda, porque justamente esta es una de las mejores cosas de practicar deporte: valorarte más, creer más en ti, ponerte pequeños retos y conseguirlos.

Todo esto, queridos amigas, queridos amigos, sin mencionar ni una sola vez a los de la GoPro. Estos merecen un capítulo a parte. Estos, y su palo de Gopro. A ver si adivináis dónde podrían enfundárselo?

DAVID JOBÉ

corro luego existo platano
30Ene

Haile

Lo mejor de la semana suele llegar el sábado o el domingo. No lo digo sólo por las salidas con los amigos, los programas de radio o los periódicos dominicales. Lo digo porque la mejor entrevista de la semana la publicó ‘El Mundo’ el último día de la semana. Haile Gebrselassie: “Si tuviera 20 años, bajaría de dos horas en el maratón”, firmada por Francisco López-Seivane, un verdadero viajero. Un nómada.

En ella, “El emperador” etíope asegura que con la experiencia adquirida a lo largo de su carrera podría correr los 42.195 metros en 1:59:59. Algo inhumano mientras escribo estas líneas (y Dennis Kimetto continua ostentado la plusmarca mundial con 2:02:57). Ahora mismo la polla de este keniata es la más grande de la clase. Plonc. Aunque los demás quieran presumir de paquete sin sacarla de sus ‘meyba’.

Dos minutos 58 segundos es una eternidad. Con este tiempo puedes leer este artículo. Si eres lo suficientemente rápido (tienes que ser un puto galgo) puedes correr 1.000 metros en 2’58”. De hecho, el atleta que se proponga rebajar las dos horas debe correr a una media de 2:50 el quilómetro, contando los 195 del sprint. Lo puedes consultar en un “marathon pace calculator”.

Hay un proyecto científico para rebajar las dos horas del maratón. En serio. (No hay vacuna para la SIDA; tampoco hay cura para el cáncer). Un grupo de profesores universitarios ingleses de la maravillosa Universidad de Brighton se han puesto pies a la obra para conseguirlo. Hay una web muy maja que os lo cuenta: “Countdown to the first sub2hr marathon”. Niños, no lo probéis en casa.

El proyecto lo dirige el profesor Yannis Pitsiladis. Sí, es griego. Como Phidippides, el primer maratoniano conocido de la historia. Por si no sabéis como acabó llegando [OJO, CONTIENE ESPOILERS] la palmó a la llegada. Su mérito fue dar la noticia que Grecia había ganado una batalla contra los persas en la ciudad de Maratón. Por ello corrió –como Haile, descalzo- hasta la Acrópolis y parece ser que les gritó “Niki!”. En esto hay otras marcas de calzado que no se ponen de acuerdo.

Pitsiladis se propone rebajar la marca del maratón a partir de cuatro progresos que (oh) no incluyen las drogas ni tus calcetines compresivos de 60€ (:_________). El buen doctor quiere buscar una persona con un póquer en sus piernas 1) los genes adecuados 2) el entrenamiento adecuado 3) la dieta adecuada 4) el atleta adecuado. En el cuarto punto ponen como ejemplo nuestro buen Haile. Y aquí es donde se sacan el comodín, el joker, el as en la manga, la carta Nacho Vidal, aquí es donde la cosa se pone interesante…

Porque… ¿de qué sirve un cuerpo con unos genes, un entrenamiento y una dieta adecuada sin la mentalidad adecuada? En otras entrevistas publicadas a Gebrselassie (he leído tantas que me cuesta citarla con exactitud) el etíope defendía “Necesitas tres cosas para ganar: disciplina, trabajo duro y antes que nada, tal vez, compromiso. Nadie va a conseguir nada sin estas tres cosas”.

Creo que Gebrselassie es uno de los mayores atletas de la historia, y seguramente lo es por su fortaleza mental. Es un deportista modesto que tiene la cabeza más bien amueblada que un catálogo de IKEA. La parte psicológica de bajar de las dos horas en el maratón es el eslabón más débil del proyecto del doctor Pitsiladis. Pero vamos, seguro que hay un ‘coach’ que tiene una sarta de frases optimistas para que te levantes contento los lunes. Y para convencer a alguien que puede bajar de las dos horas en el maratón.

Querido ‘coach’, vamos a muscular esta teoría con unos cuantos datos. Los expertos se proponen llegar a rebajar el maratón en 2019. Faltan tres años. Sobran 2’57”. Báscula en mano, alguien tendría que rebajar la marca en casi 59 segundos al año, 5 segundos al mes, 600 milisegundos al día. ¿Cómo lo ves?

Atendiendo a las marcas anteriores, se puede llegar a calcular una progresión en los récords mundiales de maratón. Vamos a ver. La primera marca moderna de maratón la tiene Spiridon Louis, un aguador griego que en 1896 recorrió la mítica distancia en 2:58. Pero aún no eran 42.195 sinó algo menos. Los metros finales son un añadido de los Juegos de Londres de 1908 para que los corredores llegaran al palco del estadio White City de Londres. Y así quedo establecido por la IAFF (REBOBINANDO)…

(STOP) Hasta que el 28 de septiembre de 2008 Haile Gebrselassie consiguió la marca de 2:03:59. Hasta ese momento ningún ser humano había bajado de los 2:04:00 Han tenido que pasar siete años (desde el 2008 hasta el 2015) para rebajar la marca mundial en un minuto. Emmanuel Mutai 2:03:52 en Chicago el 13 de octubre de 2013, Dennis Kimetto en 2:03:45 en la misma carrera. Patrick Macau el 25 de septiembre de 2011 en Berlin lo dejó en 2:03:38. Wilson Kiprotich en 2:03:23 el 29 de septiembre de 2013. Emmanuel Mutai lo rebajó 10 segundos en 2014, pero en la misma maratón (Berlín) y el mismo día (28 de septiembre de 2014) Dennis Kimeto lo rebajó hasta la marca actual: 2:02:57.

Con el ‘Hall of fame’ de récords mundiales se llega a tres conclusiones. El hombre que baje de las dos horas (porque el récord en mujeres está en 2:15:25 desde el 2003 con Paula Radcliffe en Londres) probablemente lo haga en Berlín, porque es el maratón más rápido, con permiso de Chicago y Dubai. El atleta habrá nacido en África. En Kenia (8 de los 10 plusmarquistas lo eran) o en Etiopia (los dos restantes eran etíopes). Y en tercer lugar, no es ninguno de los plusmarquistas actuales. A los Kimetto, Mutai, Kiprotich o Makau la mejora és del 2,5%. Algo así como que Usain Bolt dejara su récord en los 100 metros de 9:58 a 9:38. Parece increíble, no?

Probablemente el récord no se vaya a batir antes de 2019. Pero sí en unos años. La persona que lo haga (el monstruo) se encontrará con la misma soledad que Haile en la maratón de Berlín del 2008. Cuando llego al quilómetro 38 y a Emmanuel Mutai se le fundieron los plomos. Cuando a sus liebres se les acabaron las zanahorias. Cuando él era el único que quedaba entre su sombra y la Puerta de Brandenburgo. Al final, sólo podía competir contra si mismo.

Y aquí, querido lector, es cuando la leyenda y tu quedáis a la par. Tu contra ti mismo. Tu contra la distancia que te impongas. Tu contra tu historia. He tardado 2 minutos 57 en equipararte a ti –pobre diablo- a Haile Gebrselassie. Si yo puedo… qué coño no podrás hacer tu si te lo propones?

DAVID JOBÉ

corro luego existo ultrarajados
28Ene

Ultrajados

AVISO. Voy a rajar de Kilian Jornet (lo siento). Voy a rajar de Josef Ajram (no lo siento). Voy a poner de vuelta y media algunos de los eslóganes que han acabado siendo títulos de libros muy, pero que muy vendidos: “Córrer o morir” (2011) Ara Llibres, o “No sé dónde está el límite pero si donde no está” (2012) Alienta. Los he leído y ahora no los recomendaría (:_______). Estás avisado si sigues leyendo.

Empieza el año y la visión de un calendario con 12 meses por delante te está engorilando. Lo sé. Piensas en qué vas a hacer. Y cualquier objetivo debería ser más duro que los anteriores, ¿verdad? No te conformas en haber dejado de fumar, haber perdido 20 quilos, haber corrido tu primera media… Ahora quieres algo más. Algo que sepa a sangre en tu boca. ¿Puedes poner “pause” en Gladiator?

Si te planteas hacer la primera ultra, que sepas que no está recomendado en corredores con menos de tres años de experiencia. No lo digo yo. Lo dice Emma Roca (genuflexión), ultradeportista de élite, bioquímica, madre de tres niños y bombera. Su misión: apagar tu fuego ultra. Su perfil, una suerte de “Madre de dragones”, que te avisa que jugar con fuego puede quemarte.

Su tesis doctoral es una ducha escocesa. Se llama SUMMIT (Salut en les Ultra Maratons i els seus líMITs) y para no aburrirte paso directamente a las conclusiones.

1.- Te romperán el corazón. Según este estudio, si tienes más de 35 años tu corazón es un factor de riesgo. Deberías hacer una prueba de esfuerzo. Y deberías hacerte un selfie cardíaco, algo llamado ecocardiograma. Búscalo en Google. Cuesta menos que tus zapatillas. Andando, tu corazón bombea 5 litros por minuto. Pero en una ultra se multiplica por cinco.

2.- Te destrozaran el hígado. Para tus riñones el ibuprofeno es peor que el whisky de puticlub portuario. Los que se toman un Gelocatil antes de correr, o durante una carrera deberían saber que inflama el hígado y dificulta el drenado en uno de los momentos que más sed vas a tener un tu vida.

3.- Te pondrán en tu (puñetero) sitio. El número de abandonos en una ultra es cada vez más creciente. Según un trabajo titulado “Factores relacionados a la exitosa participación en un ultra maratón de 161 km”, firmado por un tal Hoffman, los ultradeportistas salen retratados (Hoffman-retratados XD). En estas pruebas hay más drogas que la furgoneta de Walter White. Y en la mayoría de casos, tienen menos experiencia que la recomendada. ¿Deberían pedir un CV antes de una ultra?

No es sólo una cuestión de kilómetros de rodaje. Es una cuestión de psicología. De coco. En 2011 Josef Ajram publicó un libro titulado “No sé donde está el límite pero sí donde no está”. Intento hacer 7 ironman en 7 días. Y aunque es un monstruo de la naturaleza no pudo. Lógico. Como perdedor nato, siento un gran apego por los “losers”. Lo borré de mi agenda de admirados cuando, al año siguiente, publicó su siguiente libro: “Prepárate para triunfar (2014) Alienta. Menuda jeta. NO hay límites (2013) SÍ hay límites y te los cuento (2014).
Esta es la primera gran estafa. Los refrescos que te invitan a pulverizar tus límites estarán muy ricos. Pero sus eslóganes son un insulto a tu inteligencia. ¿Hace falta ir por la vida superando cada reto anterior? Tal vez. ¿Hace falta RE-VEN-TAR-LOS? Para mi, no. Así empieza el libro “Córrer o morir” de Kilian Jornet. “Kiss or kill. Besa o mata. Besa la gloria o muere en el intento. Perder es morir, ganar es sentir. La lucha es lo que diferencia una victoria, un vencedor”. Para, para, que me bajo… El manifesto para Skyruners es sencillamente pornográfico. Para esto último prefiero fotos de enfermeras. No verlas después de salir a correr en un hospital.

El segundo gran engaño se concluye por estudios médicos. Antes citábamos a Emma Roca, que ha recibido ayuda de doctores tan reputados como Ramon Brugada, decano de la Facultat de Medicina de la Universitat de Girona, Daniel Brotons, médico del Consell Català de l’Esport i Enric Subirats, investigador principal y jefe de Medicina Interna del Hospital Transfronterer de Puigcerdà. Tu no eres Kilian. Igual que tu corazón no es el de Induráin, tus muñecas no son las de Jordan, tus tobillos no son los de Messi. ¿Por qué demonios te crees que eres él?

Tal vez porque el atletismo (para algunos un deporte, para otros un negocio) es la única disciplina en que puedes competir con los campeones del mundo. Basta con apuntarte a una carrera donde participen. Yo mismo corrí la Ultra Trail de Barcelona al lado de Emma Roca, que ganó, 86 horas después que yo. Pero la hice.

Y es tan enorme el placer que sentí que me reconcome la utilización que hacen los ‘coach’ para motivar a los que quieren correr una. Una ultra es ir a sufrir. Si quieres disfrutar por el mismo precio tendrás 80 cervezas en un bar. Piénsatelo. Sufrir es sentir el dolor. Si te tomas un ibuprofeno a media carrera no sabrás donde te duele, no sabrás parar a tiempo. Si te planteas hacer una ultra porque la distancia se te hace corta piensa que el atletismo se parece a los anuncios de ‘enlarge your penis’. Alargar la marca parece atractivo, pero una vez allí es muy, muy doloroso.

Vuelvo al estudio de Emma Roca, tal vez el más realista (y cruel) de los últimos años. Se dice que los entrenamientos semanales recomendados no deberían pasar de las dos horas y media. Como máximo, seis horas. Eso si queréis llegar a viejos con el estilo y savoir faire de Miquel (80 y largos) Pucurull. Si no vais a llegar a la jubilación con descalcificación ósea o fracturas por estrés. Vas a envejecer con osteoporosis i artrosis. No son islas griegas. Son infiernos que vivieron tus abuelos.

Sueña tu ultra. Entrena tus piernas. Rompe sus fibras. Volverán a crecer más fuertes. Consulta con tu médico. Haz una prueba de esfuerzo y un ecocardio. Entrena tu mente. Ensancha tu corazón. Y no corras una ultra. Disfrútala.

DAVID JOBÉ

corro luego existo quema tus deseos
07Ene

Deseos

Normalmente, los buenos deseos para el año a estrenar me duran un par de horas. Como mucho. Si tu ya has cancelado tu lista de buenas propuestas, anímate, sólo necesitarás tres minutos para leer esto. Y después te decides.

Tal vez hayas pensado en correr más. Más distancia? Menor tiempo? Dejar el duro alquitrán (no hablo de dejar de fumar) para pasarte a la montaña? Muchos corredores piensan en dejar el asfalto después de un largo tiempo de descanso. El golpeteo en la planta del pie, el túrmix de las rodillas y el martilleo en el coxis no son agradables. En el bosque, el desgaste para tus jamones es menor, sin duda… Pero, ¿qué pasa con el desgaste de la madre naturaleza, eh?

Según el portal Runedia.com (genuflexión) las carreras de montaña se han multiplicado por 10 en los últimos 6 años. En el 2009 (cuando tu pensabas que correr era lo que hacían en ‘Carros de fuego’) había 69 carreras de montaña. Sin contar caminatas, carreras de orientación, traviesas, croses,… no llegaban a 70. En el 2015 se han hecho 796 carreras de montaña. Una media de 15 carreras de montaña a la semana! Seguro que tu has corrido (y pagado :____) alguna.

Antes Collserola era un santuario entre ciudades contaminantes. Ahora es una autopista de siete carriles. ¿Por qué siguen llamándole ‘El Pla de la Calma’ (Montseny) si cada fin de semana suben millones de persones en mallas? El desgaste de los bosques urbanos es cada vez mayor. Primero fueron las inmobiliarias (un saludo a los que vivís en urbanizaciones) y ahora somos los corredores.

Ante esta realidad las vacas no son las únicas preocupadas. También los propietarios de los bosques. Sí, el 77% de los bosques son privados. Y ¿sabéis, qué? Ningún organizador de carreras de montaña les paga un céntimo por correr por su propiedad. Aunque tu bien que les pagas, ¿verdad?

El auge de las carreras de montaña ha cogido a los legisladores con unas normas que no sirven ni para poner orden a los que van al campo a coger espárragos. Según el departamento de Agricultura, sólo es necesario pedir un permiso (hola, 500 sujetos vamos a correr por tu finca este fin de semana). Y si no se encuentra el propietario –que es lo más habitual, me cuentan- sólo hace falta avisar al Ayuntamiento.

De verdad que me cago en tener que correr por polígonos pero, ¿realmente merezco correr por el monte si literalmente me importa una mierda lo que pase con él? A los propietarios de los bosques se les ha subido la mosca a la nariz y desde hace unas semanas han entablado conversaciones con la Generalitat para poner orden. ¿Poner puertas al campo? Vamos, que una cosa es el campo: coger caracoles o setas. Y la otra bien distinta es organizar carreras de más de 80 quilómetros a 100 euros la inscripción sin contar que el medio natural tiene que ser respetado, protegido, y cuidado.
He corrido ultras en las que te obligaban hasta a marcar los geles con tu dorsal porque si encontraban el papel en el suelo te cortaban un dedo del pie. Y he corrido otras en que el único papel importante es el comprobante bancario.

¿Que piensan los amantes de la montaña? La Federació d’Entitats Excursionistes es muy consciente de este problema. Sin quitarle hierro al asunto, aseguran que los organizadores sin escrúpulos (y sin papeleras donde tiramos las molestas botellas de agua) son muy pocos. El presidente, Jaume Grau, reconoció en noviembre que tal vez algún día tengan que acabar limitando el acceso a la montaña. (:_____)

Vuelvo a las cifras: en el 2009 había 69 carreras de montaña y en el 2015 hubo 796. Sumadle a esto los entrenamientos previos para afinar la carrera, los paseos con los amigos para mostrarle la belleza de tal o cuál paraje, y las peregrinaciones multitudinarias como Montserrat, la Mola, el Turó de l’Home o l’Estany Gento. En poco tiempo estaremos como en Estados Unidos. Pagando peaje para ir a los Parques Naturales, donde unos guardas forestales nos van a llenar a normas y amenazas de multas si no amamos lo suficiente la madre naturaleza.

Hasta aquí el sermón.

Ahora vienen los deseos para el año.

Deseo que por cada entrenamiento de montaña que hagas, recojas un plástico de los que ves tirado en el monte. Una bolsa en un bolsillo no te va a frenar la marcha.

Deseo que por cada carrera que hagas le cuentes a alguien lo que haces. No me atrevo a pedirte que le convenzas. Sólo que lo cuentes.

Deseo que por cada maratón de montaña plantes un árbol. Hay organizaciones que te lo ponen fácil (Fundación Más Arboles, etc) pero cualquier ‘garden center’ puede servir a tus propósitos.

Deseo que para cada ultra de montaña con la que te partas la espalda conviertas la plantada de un árbol en un acto familiar o de amigos. Lo cuelgues en las redes sociales y le cuentes a tus amigos que, igual que hace años decidiste chulear a tu sofá y salir a correr, ahora has tomado conciencia que el bosque es también tu responsabilidad.

Hasta aquí mi puñetero deseo. Me ha llevado dos horas cobijarlo en mi vientre y ahora lo libero como una orca. Ya os avisé al principio. Quemad vuestros deseos. Salid a sudarlos por la montaña. Embadurnadlos con esas preciadas endorfinas. Remojadlos con una cerveza bien fría. Tener algo de consciencia ecologista no significa que tengamos que comprarnos una T-10.

Si durante el año próximo hay una sola persona que siga estos pasos, que le inspiren, que le cuente la idea a sus amigos de sudores y de dolores, ya habré vencido. Llegué aquí con un deseo de mierda y acabo el artículo pretendiendo cambiar el mundo. La historia de siempre.

DAVID JOBÉ

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