corro luego existo quema tus deseos
07Ene

Deseos

Normalmente, los buenos deseos para el año a estrenar me duran un par de horas. Como mucho. Si tu ya has cancelado tu lista de buenas propuestas, anímate, sólo necesitarás tres minutos para leer esto. Y después te decides.

Tal vez hayas pensado en correr más. Más distancia? Menor tiempo? Dejar el duro alquitrán (no hablo de dejar de fumar) para pasarte a la montaña? Muchos corredores piensan en dejar el asfalto después de un largo tiempo de descanso. El golpeteo en la planta del pie, el túrmix de las rodillas y el martilleo en el coxis no son agradables. En el bosque, el desgaste para tus jamones es menor, sin duda… Pero, ¿qué pasa con el desgaste de la madre naturaleza, eh?

Según el portal Runedia.com (genuflexión) las carreras de montaña se han multiplicado por 10 en los últimos 6 años. En el 2009 (cuando tu pensabas que correr era lo que hacían en ‘Carros de fuego’) había 69 carreras de montaña. Sin contar caminatas, carreras de orientación, traviesas, croses,… no llegaban a 70. En el 2015 se han hecho 796 carreras de montaña. Una media de 15 carreras de montaña a la semana! Seguro que tu has corrido (y pagado :____) alguna.

Antes Collserola era un santuario entre ciudades contaminantes. Ahora es una autopista de siete carriles. ¿Por qué siguen llamándole ‘El Pla de la Calma’ (Montseny) si cada fin de semana suben millones de persones en mallas? El desgaste de los bosques urbanos es cada vez mayor. Primero fueron las inmobiliarias (un saludo a los que vivís en urbanizaciones) y ahora somos los corredores.

Ante esta realidad las vacas no son las únicas preocupadas. También los propietarios de los bosques. Sí, el 77% de los bosques son privados. Y ¿sabéis, qué? Ningún organizador de carreras de montaña les paga un céntimo por correr por su propiedad. Aunque tu bien que les pagas, ¿verdad?

El auge de las carreras de montaña ha cogido a los legisladores con unas normas que no sirven ni para poner orden a los que van al campo a coger espárragos. Según el departamento de Agricultura, sólo es necesario pedir un permiso (hola, 500 sujetos vamos a correr por tu finca este fin de semana). Y si no se encuentra el propietario –que es lo más habitual, me cuentan- sólo hace falta avisar al Ayuntamiento.

De verdad que me cago en tener que correr por polígonos pero, ¿realmente merezco correr por el monte si literalmente me importa una mierda lo que pase con él? A los propietarios de los bosques se les ha subido la mosca a la nariz y desde hace unas semanas han entablado conversaciones con la Generalitat para poner orden. ¿Poner puertas al campo? Vamos, que una cosa es el campo: coger caracoles o setas. Y la otra bien distinta es organizar carreras de más de 80 quilómetros a 100 euros la inscripción sin contar que el medio natural tiene que ser respetado, protegido, y cuidado.
He corrido ultras en las que te obligaban hasta a marcar los geles con tu dorsal porque si encontraban el papel en el suelo te cortaban un dedo del pie. Y he corrido otras en que el único papel importante es el comprobante bancario.

¿Que piensan los amantes de la montaña? La Federació d’Entitats Excursionistes es muy consciente de este problema. Sin quitarle hierro al asunto, aseguran que los organizadores sin escrúpulos (y sin papeleras donde tiramos las molestas botellas de agua) son muy pocos. El presidente, Jaume Grau, reconoció en noviembre que tal vez algún día tengan que acabar limitando el acceso a la montaña. (:_____)

Vuelvo a las cifras: en el 2009 había 69 carreras de montaña y en el 2015 hubo 796. Sumadle a esto los entrenamientos previos para afinar la carrera, los paseos con los amigos para mostrarle la belleza de tal o cuál paraje, y las peregrinaciones multitudinarias como Montserrat, la Mola, el Turó de l’Home o l’Estany Gento. En poco tiempo estaremos como en Estados Unidos. Pagando peaje para ir a los Parques Naturales, donde unos guardas forestales nos van a llenar a normas y amenazas de multas si no amamos lo suficiente la madre naturaleza.

Hasta aquí el sermón.

Ahora vienen los deseos para el año.

Deseo que por cada entrenamiento de montaña que hagas, recojas un plástico de los que ves tirado en el monte. Una bolsa en un bolsillo no te va a frenar la marcha.

Deseo que por cada carrera que hagas le cuentes a alguien lo que haces. No me atrevo a pedirte que le convenzas. Sólo que lo cuentes.

Deseo que por cada maratón de montaña plantes un árbol. Hay organizaciones que te lo ponen fácil (Fundación Más Arboles, etc) pero cualquier ‘garden center’ puede servir a tus propósitos.

Deseo que para cada ultra de montaña con la que te partas la espalda conviertas la plantada de un árbol en un acto familiar o de amigos. Lo cuelgues en las redes sociales y le cuentes a tus amigos que, igual que hace años decidiste chulear a tu sofá y salir a correr, ahora has tomado conciencia que el bosque es también tu responsabilidad.

Hasta aquí mi puñetero deseo. Me ha llevado dos horas cobijarlo en mi vientre y ahora lo libero como una orca. Ya os avisé al principio. Quemad vuestros deseos. Salid a sudarlos por la montaña. Embadurnadlos con esas preciadas endorfinas. Remojadlos con una cerveza bien fría. Tener algo de consciencia ecologista no significa que tengamos que comprarnos una T-10.

Si durante el año próximo hay una sola persona que siga estos pasos, que le inspiren, que le cuente la idea a sus amigos de sudores y de dolores, ya habré vencido. Llegué aquí con un deseo de mierda y acabo el artículo pretendiendo cambiar el mundo. La historia de siempre.

DAVID JOBÉ

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