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14Feb

Vino

Todo empezó con una botella de vino, de cuyo nombre no quiero acordarme. Sé que la bebimos con la sed con la que sólo se debiera de beber agua. Fue después de un entreno de media mañana. En ese horario ‘brunch’ en el que sólo se sirven cervezas y acaso, vermuts. A cada sorbo se nos fue olvidando por qué corrimos: por el estrés, por el placer, por los objetivos, por los sueños,.. Hasta que en el fondo de la copa, como un poso arenisco, sólo nos quedó la excusa de haber corrido para pimplarnos una botella de vino. Es lo que voy a defender en este artículo, a pesar del agua, de los isotónicos y la cerveza.

¿Puede un corredor defender el consumo de vino sin comprometer su salud? Tal vez oíste lo contrario. El consumo de alcohol en deportistas debe de ser moderado. También en camioneros, no os creáis. Pero existe la teoría que una cerveza se mea antes. Cómo evaporar la prueba de un crimen deportivo. Y no hay estudios que determinen que esto es menos dañino que una Coca-Cola o un helado. Hay nobles agrupaciones, como los Drinking Runners, que llevan con orgullo en sus camisetas una jarra de cerveza. Los admiro. Pero soy más de vino.

El vino tiene su propio ritual. Diría que es una suerte de cortejo. Escoges la botella entre un mapamundi de denominaciones, un rosario de varietales, una librería de caldos. Tiene algo de liberador. Cortas el frío aluminio de la cápsula. Desabufandas el cuello del gollete. Clavas el barbequí en el corcho. Pinzas el cuello y estiras. Nyic-nyic. Suena a ropa íntima deslizándose por las pantorrillas. Nyic-Nyic. Practicas la maniobra de Heimlich a la botella. El vino va a volver a respirar. Y sabes que has triunfado cuando oyes el indefectible ¡Plop!

En Francia, esta semana se ha celebrado la maratón du Medoc (de la que ya os di la chapa en un artículo anterior). Pero la moda del vino y el atletismo se han extendido como todo lo relacionado en el mundo del runner. Hay carreras a pies de viñedos. Hay medias maratones en tierras de vino. Hay hasta clubes (en México) que se hacen llamar “winerunners” y que en el próximo noviembre van a montar la tercera edición de una media maratón. 

También hay centenares de estudios. No sé qué creer. Seguro que  algunos están financiados por productores de vino. Como el que afirma que beber una o dos copas diarias (en el caso de los hombres) mejora el rendimiento del corazón, disminuye la presión de las arterias, combate la osteoporosis, si lo tomáis tinto lucha contra la oxidación, y si no va ligado al consumo de alcohol y a las grasas, produce colesterol del bueno. Hay algo de lógico en esto: no es lo mismo una copa de vino después de correr 10 quilómetros que no después de 10 horas en el sofá.

También he leído centenares de estudios que desaconsejan el consumo de alcohol. Principalmente, porque es un tóxico que el cuerpo debe deshauciar con el empeño de un banco. Esto produce cambios en nuestros organismo, básicamente en el hígado, el bombero Sam de tu cuerpo. El alcohol produce deshidratación, y por ende lesiones. Por cada copa de alcohol prescribirían dos vasos de agua. Son estudios, en su mayoría, apoyados por entrenadores profesionales. Obviamente no es lo mismo en el caso de Usain Bolt, que en el tuyo. Porque la principal conclusión es que no deberías probar nada de alcohol (mínimo) 48 horas antes de competir.

Otra cosa es lo que pase después. En esto hay estudios para mondarse de risa. Los investigadores del CSIC y de la Universidad de Granada monitorizaron a dos grupos de corredores. A unos les dieron dos latitas de cerveza y a los otros les dieron un disgusto: agua por el amor de Dios. La conclusión final es que los pringaos fueron los segundos, porque no hubo nada en el consumo de la cerveza que fuera menos malo que el del agua. En resumen, que no es desaconsejable.

Los estudios llegan a conclusiones un tanto diferentes. A veces, contradictorias. Pero os voy a poner dos ejemplos. ¿Cuándo llegáis a casa por la noche descorcháis una botella de agua y os ponéis a brindar a la salud de tu jefe? Y cuando terminas una carrera ¿crees que el mejor combinado a la sangre, el sudor y las lágrimas son una latita de bebida isotónica baja en calorías?

Todo esto lo escribo sin una triste copa. Imaginad la de burradas que diría con una! El alcohol es ante todo un sorbo de inspiración. Un refugio después de las bombas. Una amenaza al aburrimiento. En Instagram hay una maravillosa cuenta ‘drinking-friendly’ que cada día obsequia con una frase brillante. Se llama Whining Wino. Esta semana ha publicado tres. “Yo hago desaparecer el vino, ¿cuál es tu súper-poder?”. “Una comida sin vino se le llama desayuno”. Y “No soy adicto al vino. Sólo tengo una relación muy estrecha”.

Creo que es mi caso. Yo bebo con moderación tres copas al día. Casi cuatro botellas a la semana. Amo el vino y hasta escribo sobre él en donde me lo permiten. Corro y pienso en la copa de vino casi como un asno sueña una zanahoria. Podría correr sin vino, hasta vivir sin él, pero todo sería un poco más aburrido. Si acaso alguien me quiere dar su opinión y su consejo brindaré por él. Hay algo de sorprendente en que los encerinados que entrenan 8 horas al día nos digan a nosotros que bebamos, sí, pero con moderación.

DAVID JOBÉ

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