FARTLEK
02Sep

Fartlek

0:00 Primera salida después de vacaciones. Temblad malditos. He vuelto. Más motivado. Más fuerte (con 3 kilos de más). Más mentiroso (vale, han sido 4 :). Pero decidido a transformar el cebo en fibra. Soy una máquina. Mi único propósito es quemar grasa. Os diré cómo, compañeros de sudores atocinados: el entrenamiento con intérvalos. Os presento LOS PUTOS FARTLEKS. Calentar 10 minutos a TC (trote cochinero), 9 minutos a CB (corazón en la boca), 8′ a TC, 7′ a CB, luego bajáis a 6′ a TC, 5 a CB, de nuevo 4′ a TC, 3′ a CB, 2′ a TC y un último minuto a CP (cara-perro). Llevad reloj. La vaselina es opcional…

10:00 Mierda. Se acabó el calentamiento. Acelero. El corazón se me engorila. Se me achican los huevos. Tu puedes, machote. Respira. Exhala aire a cada punto. No. Voy. A poder. Coño. Puta. Aún. Faltan. Ocho. Largos. Mi. Nu. Tos. Queman los pulmones. Se me aperla de gintónics la frente. Erupto de paella. Acidez de estómago. Primer pedo de la tarde. A lo lejos, estira la pata un gorrión. Sin el lastre parece que la sístole no atropelle tanto a la diástole. Quedan  3 minutos. Para acordarme de las 3 cañas, de las 3 tapas (chipirones, almejas y bravas), y de los 2,5 platos de paella marinera (bueno, fueron 3, qué pasa!) Suerte que acabo en una bajada. No voy a potar.

19:00 Por fin. Vuelta a la tranquilidad. Sudo como un pollo de sudor frío. De cámara frigorífica para aves de corral. Si ahora cantara, parecería Serrat, con mi corazoncito remontando la garganta. La vena del cuello parece una secuoya. Las orejas bombean aire a los auriculares. Temo que el MP3 reviente como una colchoneta de playa. Intento parecer normal, corriendo por mi lado del camino. Pero me delata esta tendencia a irme para los lados y comerme unas inoportunas matas de hinojo. Miro el reloj y queda tan poco tiempo, tan poquito, que no sé si ponerme a correr de nuevo o quedarme en el arcén del camino componiendo la primera copla para runners.

27:00 Puta. Esta va a doler. Menos que la primera. Que eran 9′ y sin avisar. Esta SÓLO serán siete. El número se graba a fuego y me va apareciendo sobreimpresionado en el camino de tierra. Me. Vuelve. A. Costar. Respirar. Oigo algo. Un coche. Pasa a mi lado a toda mierda, a pesar de mi sprint. Levanta polvo. Es una tormenta de arena. El puto Gobi en una centrifugadora. Hijoputa. Hijoputa. Hijoputa. Le insulto tan fuerte como me permiten los pulmones, que es nada. Parezco una croqueta: sudado, rebozado y con olor a fritanga. Me cago (en silencio) en todos los fabricantes de neumáticos. Pirelli, Goodyear, Michelin, Goodrich. Para qué cojones tuvísteis que inventar la rueda. Y así, blasfemando, sobrevivo.

34:00 Mecagüenlaputahóstiabenditadelossantoscojonesdemuypadreyseñormío. Respiro. Respiro. Y vuelvo a respirar. Pero mira como respiran los capullos que hacen fartleks. Después miro el reloj. No lo miraba tanto desde la última visita al proctólogo. Trotando intento calcular cuánto tiempo me queda. Me cuesta. Más de lo normal. Pasa la eternidad y un día antes de caer en la cuenta que tengo sólo 6 minutos para disfrutar. Me azangano con esta idea. Paladeo palabras como dónut, phoskito, berlina, crepe, gofre, croissant, nutella,… Hasta que me viene a la cabeza Josef Ajram con una rebanada de Nocilla. Qué mal: todo se me fue a la mierda.

40:00 Cinco. Por el culo te la hinco. Aguanto mal los cambios de ritmo. Tengo que aguantar cinco más. Y ya lo demás será de chichinabo. Tres. Y uno. Paladeo mi herencia. La tengo a tocar. A lo lejos, dos borrones fosforito. El sudor me cae en los ojos como aspersores de golf con spa en el Empordà. Sistemático y profesional. Pasan por mi lado dos jamelgas. Como no veo, las imagino más atléticas acaso. Y en el roce de mi velocidad de pepino supersónico oteo por el rabillo del ojo una sombra de pezoncillo. Un mohín. Un algo. Que me dejan los ojos asín (@) (@). Hasta el final del fartlek. Cochino. Imaginando que después del entrenamiento haya un Valhalla de señoras con la mirada así (@) (@). Así muy marcada. Como si salieran sin sostenes de un congelador.

45:00 Cuatro. Tengo los pulmones como un fumador de Ducados. Calcinados. Escupo. Pero tengo la boca tan seca que la saliva se ha solidificado en mis carrilleras como una pared mozárabe. Horror vacui. Me acuerdo de la Alhambra, que rima con Calambre. Tengo dormidos algunos músculos de las piernas. Tengo muchos más sobado el cerebro. Recuento de daños. Las plantas de los pies como un fakir. Las piernas con más rampas que el Ripollès. Llevo dos litros de sudor arrapados a la camiseta. Del pantalón short cuelgan lánguidamente dos huevos encalomados al tronco, como si se me hubiera ocurrido mear en plena calle en Novosivirk.

49:00 From lost to the river, me digo, antes de abandonarme al penúltimo acelerón de la tarde. No veo desfibriladores en el horizonte. Doy gas a fondo. Imagino mi vuelo, entre pinares, como el de un águila imperial cuelliblanca. La vecina que me mira desde un balcón abarata mi imaginación a la altura de un caracol huyendo de un triciclo. Pero yo lo doy todo. Falta un último minuto. Me freno. Me dejo llevar por la inercia.

52:00 Tomo los últimos 2 minutos suaves con la prudencia de que ahora viene el dia D. Pensado en la familia, en la tortilla de patatas de mi madre, en la mirada esa (@) (@). Recojo todo lo bueno de la tarde en un último esprint hacia la muerte. Que digo la muerte! Aún peor.

54:00 Uno. Dos. Tres. Cinco. Voy contando los segundos a mano. No tengo tiempo ni de mirar el reloj. Esto es a tumba abierta. A caraperro. Diez, catorce, dieciséis. Los segundos no respetan nada. Nada. Tendría que decir 20 Mississipi, 21 Mississipi, 22 Mississipi,… Pero sólo me salen ríos cortos: Onyar, Ter, Po…! Y he llegado al 60, aunque el reloj sólo marque el 48″. Y los 12 segundos que faltan me parezcan más largos que la Guerra de los Cien Años, que la Reconquista de Granada, que la digestión en casa de los suegros,… pero llegan. Con sangre en la boca exhalo: tres, dos, UNO. Y antes de llegar a cero ya he puesto cara de Carros de fuego.

55:00 Me abandono al último intervalo como el Kilian que siempre he sido a pesar de lo que diga la báscula. Y siento crecer las abdominales en el costillar como hiedras venenosas. Viví. Sobreví. Hice historia. Éres leyenda, me digo, mientras el estómago ruge como si nunca en la vida hubiera escuchado la palabra “merienda”.

65:00 Y llego hasta la boca de mi calle bañado en meado de Alien. Y al girar la esquina, me sobreviene un runnner lleno de polvo, también. Tiznado. Amarronado. Mugriento. Y le suelto sin pensar, en la puerta del ascensor: Pirelli, Goodyear, Michelin, Goodrich, Motherfucker…. Él me mira. Da un paso atrás. Y subo en el ascensor solo.

DAVID JOBÉ

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