correr en verano
16Ago

Augusto

Ya nadie relaciona ciertas palabras con su sentir original. Una de las más olvidadas sea, tal vez, agosto. Y es una lástima porque es el mes del año en el que más disfruto corriendo. Pero antes de entrar en esto, volvamos al sentido inicial de su nombre. “Agosto” viene por el presidente del Deportivo Augusto César Lendoiro. O tal vez no y me falle la memoria (porque estoy de vacaciones y no tengo conexión a internet). Sé que Augusto fue un César (de Roma, no de A Coruña) que vino después de Julio. Otro César. Como su antecesor le clavo el nombre al séptimo mes, él le hincó el diente al octavo. Y así, cada agosto nos acordamos de él. Augusto dio nombre al octavo mes. Cosa que debió de enfurecer a Octavio. Que fue otro César a quién el mes de agosto le hubiera venido de perlas. Y Octavio decidió entonces que los demás césares llevaran su nombre como parte del título por la grandeza del Imperio. Igual que sus esposas. Eso no pasó en Riazor y los demás presidentes fueron tratados con el nombre que el capellán les dio al ser bautizados. 

Según el diccionario, “Augusto” alberga dos significados. Creo recordar (porque estoy sin internet) que son: 1) dícese del que infunde respeto y veneración 2) payaso de circo que, con carácter bromista y ropa extravagante, forma pareja circense con el clown. Ahora no sé por cuál de las dos acepciones continuar para hablaros de porqué –de entre todos los meses- Agosto es el que más aprecio. En agosto –de toda la vida- se inauguran las pretemporadas y no debiera de ser distinto para los corredores. Empezad cargados de buenos propósitos, antes de posaros, a pies juntillas, sobre la báscula. No os extrañéis si el alma se os ha adelgazado o vuestros sueños –al contrario que vuestras lorzas- han perdido peso. Para esto está el agosto. Para esto están las vacaciones desde que la Familia Ulises del TBO las institucionalizó en el octavo mes del Señor. Tened siempre a mano un ramillete de excusas junto a la bolsa del corredor, si este año es más grande que la del anterior. Ya se sabe: el runnerismo. Ahora una armilla aeroespacial con dos ubres isotónicas, ahora dos juegos de zapatillas, las de asfalto y las de montaña, ahora siete pares de pantalones (porque vas a salir cada día y no hay lavadora en el apartamento), ahora doce camisetas para fardar en el paseo que este año lo has dado todo, y por descontado el reloj, las cintas, los geles, las mallas, los calcetines inmunodepresivos y un paquete de kleenex. Eso es imprescindible. Porque en verano se come bien. O tal vez se come distinto. Y a veces, en pleno trote rupestre, llama a la puerta una tortuguita chocolatera que quiere ser liberada en la naturaleza. Pues se libera, coño, que aquí no se trata de encapricharnos de ella. Y dejas una parte de ti, de lo más profundo de tu ser, estirado como un diván en la ladera de un monte, más alto que el horizonte, para que tenga buena vista… Que tu, na-cis-te-en-el-Me-di-te-rrá-ne-oooooo.

Una vez llegues a destinación te estarás preguntando… Y aquí ¿por dónde carajo se sale a correr? No preguntes sin mirar a quién. A mi me han prometido una maratón de asfalto en paseos marítimos de 1,2 kilómetros. O una tirada muy bonita al lado del mar por caminos que ni las cabras montesas treparían. Elegid cuidadosamente.

Una vez ubicados tened en cuenta que en el primer recorrido uno siempre se pierde. Como cuando te cuentan, por vez primera, el fuera de juego o cómo va el embrague. El día que toméis contacto con el nuevo entorno hay que salir con tiempo, que a las nueve se cena y no se sabe nunca qué viacrucis te depara el camino. “María”, me puedes recoger en coche por favor? El GPS dice que estoy a 90 kilómetros del camping. Sí. Nor-noreste. Tu ve tirando y me mandas un whats. A veces, el paraíso vacacional es un cementerio de alquitrán al lado de un desierto. Sal con agua abundante. Otras veces puedes correr por delante de una playa con duchas desalinizadas. No caigas en la trampa: báñate en porretas antes de llegar al hotel y di que has sudado mucho. Por poco que puedas mira hacia delante. En las playas suelen haber cuerpos untuosos pero en los paseos hay farolas estratégicamente colocadas para que te metas una hostia vergonzante.

Si vas a la montaña, mide bien la cima que decidas escalar. Una cosa es que sea agosto, y a cualquier corredor se le multiplican las malas ideas, y la otra que pases por la experiencia que te vengan a recoger los Bomberos. Tu no tienes el número de Ryder de la Patrulla Canina en tu móvil. Y otra cosa, asegúrate que los senderos de montaña están actualizados. Vale más un GR en mano que uno de esos carteles de “Fem salut” que colgaron antes de los Juegos de Barcelona. Por cosas como estas son por las que agosto es mi mes preferido para correr. Si la resaca te lo permite, sal temprano. Cuando los demás aún estén en la penúltima duermevela. Échate el fresco en las piernas. Escoge un sendero bonito. Fíjate una distancia. Asóciate con tus zapatillas para comeros la tierra. Ya vendrán octubre o noviembre, pero en agosto el mundo es aún tan nuevo que todo está por hacer. Los días son largos, las pieles bronceadas, el agua es más clara aún y las gallinas ponen huevos con siete yemas. Porque en agosto está vetado competir. Deja las carreras para más adelante. Acaso para un cross popular a finales de mes. De los de la Festa Major de cualquier pueblo. De los que prometen bocadillo y no fosforescencias. No quedes con nadie. Cítate con tus sueños, tus promesas incumplidas, tus anhelos. Como un amor de agosto antes de la hipoteca. Háblale a tu corazón. Escúchate latir. Aunque parezca una letra de Luis Miguel, antes de entrenar tus piernas, deberías entrenar tu alma.

Por la noche, cuando te duelan las piernas pero hayan saturado todas las cicatrices de tu cerebro descorcha una botella de algo que –por el amor de Dios- no sea un Aquarius. Y acuérdate que las cosas más sencillas: un pa de pagès, un queso artesano, algunas aceitunas y un vaso de vino tinto te atan a la tierra como un poema de Pablo Neruda. Y cada herida tendrá la forma de tu boca. Porque en agosto les pondremos Topionic. Saldremos a cazar sueños, los enjaularemos entre los huesos. Y todo lo que prometamos nos atará a la vida como cuando te dije que te entregaría este artículo a 1 de agosto, querido jefe, y te lo mando casi casi en pleno Ferragosto.

Sirvan estas letruchas para que me perdones. Y te sientas “augusto”. Ahora que estamos tan augustito, tan augustito, tu ves.

DAVID JOBÉ

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