hola corro luego existo
22Ene

¡Hola!

¿Saludas a los corredores que te cruzas? La mayoría de compañeros que se cruzan conmigo me saludan. Y aunque en ocasiones no sea yo el primero en saludar, nunca he dejado de devolverlo. Un gesto. Un abdominal de cejas. A veces basta levantar la mano. Si puedo exhalo un “¡hola!”. Y si los pulmones me alcanzan trino un “¡buenos días!” con todas sus letras, sus tildes y su rítmica. Me gusta la palabra “¡Hola!”. Porqué no se dice, se exclama. Parece honesta, sin trampa. Y porqué tal vez sea la palabra más generosa del diccionario. En todos los idiomas de la Tierra.

El INE no desvela el misterio de cuántos de vosotros saludáis si os cruzáis con otro. No hay estadística; sólo evidencias: a cuantos más, menos. Así, (casi) nunca se hacen grandes ademanes con multitudes y (casi) siempre hay algún tipo de ceremonia con poca gente. Sospecho, pero no lo puedo probar, que cada vez se salude menos. Porqué queda poco del espíritu de ‘boy scout’ entre los ‘runners’.

Lo descubrí como casi todo, a cierta edad, cuando mi abuelo saludaba a quién se cruzaba en el monte. “¿Quién es, avi?”. “No lo sé”. “Y por qué le saludas?” “Porque es de buena educación”. Pumba. Y así se saldaba el debate. Como casi todo en esa época de nuestras vidas donde mandaban la urbanidad y las buenas costumbres. Y me quedo marcado como una verdad matemática: a los desconocidos se las saluda más en el monte que en el Metro. Excepto si vienes de la Australia profunda y en tu DNI pone “Cocodrilo Dundee”.

A decir verdad, hoy saludo a quien me sale de los huevos, con permiso de los manuales de ‘saber estar’. Yo no sé si esto llega con la madurez, me he vuelto maleducado o es sólo por mi ignorancia. Tampoco he sabido encontrar estudios acerca de cómo saludar y a quién: habrá corredores para quien el besamanos sea sagrado y la ausencia de un ‘salve’ sea “casus belli”. Otros que saluden indistintamente en mar y en montaña, en polígono o en monte, en asfalto o en cañada. Habrá corredores que sólo den la bienvenida a otros corredores, pero disimulen con los ciclistas, andadores, jinetes,…

Hay mucho de “tribu” en un saludo. Por eso es una cortesía tan generosa como egoísta. Saludas a tu vecino porque es como tu. Y saludas a un desconocido sólo porque corre y lleva una zamarra fluorescente porque tal vez sufra como tu. O disfrute como tu. O pertenezca a tu mismo (selecto) club, como pasa con los moteros, los camioneros o los autobuseros. Nada nuevo bajo el cielo. De la misma manera que retiras tu saludo a quien ya ha dejado de ser como tu.

Hubo una época en que se pidió a los corredores que saludaran a sus semejantes con un dedo en alto. (Los moteros se saludaban con dos dedos en forma de V). Pero quedó en un esfuerzo de orden burdo: como intentar observar entre los heavys cuántos saltan en los conciertos haciendo cuernos con una mano, cuántos con el puño cerrado, y cuántos con un dedo… por poner un ejemplo que no tenga nada que ver con el deporte.

En el atletismo, los saludos suelen ser minimalistas. Los corredores saludan sin deja de trotar. Un gesto con la cabeza. Un ademán con la mano. Un saludo hablado. En el más generoso y raro de los casos se puede llegar a parar (algunos también paran el crono) y se pregunta por 1) cuánto has hecho hoy 2) cuánto la última semana 3) cómo te fue la última carrera 4) en qué carreras te has apuntado 5) cuándo entrenamos juntos. Extrañamente se pregunta por el trabajo o la familia. Y en poquísimas ocasiones se pierde más de un minuto.

A veces un saludo también te puede salvar la vida. Cuando vas por la montaña solo, otro corredor puede ser el que de tu descripción a los Bomberos. Me acuerdo que le saludé. Llevaba una camiseta roja. La última vez que le vi iba por esta zona. Hay personas que no salvarían a otra que ha caído por un barranco si antes le ha negado el saludo. A veces esta afición es así de competitiva.

Pero las más de las veces es maravillosa. Y si no vas haciendo series o demasiado atolondrado pensado en tus cosas, siempre que puedas, saluda. Un “¡Hola!” es la primera persona del singular del verbo comunicar. A veces se ahoga un océano de agasajos no devueltos, oídos sordos, perdona-que-no-te-había-vistos. Pero si se enhebra en otro “¡hola!”, se entrelaza con un “¿cómo estás?”, se abre un camino que tu hola y el mío pueden correr juntos. Y pueden recorrer vidas enteras.

Un solo saludo marca la diferencia. De entre todos los que te cruces a diario, tal vez la gran mayoría desconocidos, y probablemente personas a las que nunca jamás vas a volver a ver, escoge a quién saludas, a quién le das tu bienvenida. Es mucho más que educación o complicidad. Es abrir una puerta. Con un ¡Hola!” empezó tu relación con tu mejor amigo, con tu pareja y con tu grupo de entrenamiento. Por eso acabo este artículo de la misma manera que lo empecé. Con un… “!Hola!”

DAVID JOBÉ

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