agua corro luego existo
13Dic

Agua

Hay maratones que me persiguen. Yo no los corro. Son ellos los que corren a mi. Hace años que los llevo encalomados a los pantalones. Y cuando salgo, salen. Las más de las veces no me doy cuenta. Porque salir a correr es abrir un camión de mudanzas dispuesto a que lo llenen de problemas, con destino a Alaska. Pero hay ocasiones en que sales libre de miedos, las menos de las veces, y los sueños que te han quedado colgados, como un abrazo verdadero o un beso robado, corren a tu lado. Y tienen piernas. Y una especie de boca que no habla. Y sin decirte nada oyes que te susurran “algún día”, “algún puñetero día”. Uno de los míos se llama Marathon du Médoc.

Me acuerdo de esto porqué iba a hablar sobre la hidratación del deportista en verano. Pero es un tema que me da tanto palo escribir como releer en vuestras revistas de runners. ¿Sabéis que os digo? Os invito a subir en mi T-10 con destino a Los Cerros de Úbeda.

Dicen del Marathon du Médoc que es el más largo del mundo. Tal vez sea también uno de los más lentos. Su fama es legendaria. Cada septiembre la disputan atletas de todo el mundo: desde Australia hasta Japón. Se dan cita en Paulliac, una ciudad de provincias cerca de Burdeos (Francia). El circuito se adentra en los viñedos de la zona. Enroscándose en cada terroir en donde haya un vino que merezca ser catado. Y se cata. En medio de la carrera, porque en cada avituallamiento se sirve vino, además de las otras delicias del lugar: quesos, embutidos, mariscos… hasta helado! Se dice que son merecidamente abucheados los que no paran a beber.

Beber es de esas palabras pervertidas. Según donde se utilice tiene un significado diferente. Es como llamar “de color” a un negro. O “un mal feo” al cáncer -que es un hijoputa, pero bien pudiera ser guapo. Si alguien te dice “bebe”, ¿en qué piensas? Una parte de vosotros no pensara en agua…

Pero el agua manda. El 71% de tu planeta está rodeado por ella. Las fases lunares dominan las mareas y influyen en tus humores. El 65% de tu cuerpo lo es. Cada una de tus células es como una gota, hay mucho de oxigeno y hidrógeno. El resto del agua de tu cuerpo bombea por tu riego sanguíneo, si no eres de los que asistola y diastola horchata. Es normal esta supremacía del agua. Pero que sea aceptado por todos no tienen porque ser real. Bien que el planeta se llama Tierra y el 71% es agua. ¿Por que no fijarnos en este 29%?

La hidratación está mayormente dominada por el agua. Aunque conozcas amigos que no beben agua ni cuando se despiertan sorprendidos bajo una ducha fría. Según un estudio de la Fundación Española de la Nutrición (FEN) el 75% de los ciudadanos no siguen las recomendaciones de ingesta de agua propuestas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Fijaos que digo “ciudadanos” y no “bebedores” porque la palabra ya condicionaría vuestra lectura.

Pero para entendernos 7 de cada 10 bebedores no beben bien. Beben menos de lo que se les recomendaría y más de lo que no. En términos generales, dos litros y medio de agua en el caso de los hombres y dos litros para las mujeres.
La mayoría no obtiene el Shangri-la de los sorbitos. Primero por la cantidad. Los hombres beben sólo 1,7 litros (un 33% menos) y las mujeres 1,6 litros (el 21% menos). Al final de la semana debes entre cinco y siete litros. Una garrafa.

Además el agua sólo es consumida en un 46% en el caso de ellas y en un 41% en el caso de ellos. La segunda bebida más consumida es la leche. Hagamos una pausa dramática. Quien quiera, puede llorar.

La tercera bebida, en el caso de los hombres, fue algo con alcohol (11%). A las mujeres, esta clase de bebidas pasa a la quinta posición (5%). Pasan por delante las bebidas calientes (12%) y los refrescos con azúcar (8%). Los zumos de fruta y los refrescos sin azúcar se toman menos que la Kina San Clemente en un bar hipster.

En resumen. En un mundo en que se debería beber dos litros y medio de agua al día, sólo se bebe algo más de un litro y medio. Y de estos, uno de 10 diez sorbos lleva alcohol o cafeína. ¿Se entiende ahora por qué los manteros gritan “agua!” ante la presencia de la policía? ¿Comprendéis porqué los malos de Marvel son Hydra? El agua está sobrevalorada.

Esto sólo se vislumbra cuando al final de un entrenamiento con camelback, donde se ha consumido en tres horas la media acuática de dos días, alguien rompe la ley y no pide Aquarius. O Nestea. O cerveza sin alcohol. O lo que es peor: agua. Porque en ese instante en el Medoc muere una hada. Y se seca una uva de la vid.

El Medoc sale a florecer en esos terceros tiempos de los corredores que –muy de domingo en domingo, porque no somos ciclistas- se pide mesa y mantel en algún restaurante de desayuno con tenedor. Se pide vino. Se come butifarra, tal vez con mongetas. Si son del ganxet lloran los ángeles y si son Fesols de Santa Pau, los ángeles se sexualizan y se besan lascivamente. En esos instantes es cuando sale.

Invariablemente, detrás de la primera copa de vino. O de la segunda. Alguien habla del Medoc. Que si un año tenemos que correrla. Que si llenáramos la cantimplora de vino esto sería otra cosa. Y así alguien, tal vez más leído cuente que en el 38,5 del Marathon du Medoc te sirven ostras con vino blanco. Te puedes comer las que tu cuerpo de deje: una, dos o tres piezas. Un latigazo de Chablis y para la meta.

El vino alegra el corazón. Burbujea el alma. Agranda las carreras donde hemos sido pequeños y hemos acabado gigantes. Y lo mismo pasa con la cerveza. No hace falta ser un red runner, ni un Drinking Runner para saberlo. La mejor cerveza es la que se pide después de cruzar la meta. “Póngame una rubía bien fría”, decía un amigo. A lo que un conocido le respondía “Quieres que venga mi exmujer?”

Por qué entonces hay tantos estudios acerca de beber agua, de hidratarse bien y tan pocos sobre los beneficios de tomarse una cerveza o dos después de una carrera. Queridos científicos, el año que viene, si queréis, nos vemos a las nueve y media de la mañana del segundo sábado de septiembre, disfrazados para la ocasión, en la misma meta de salida del Marathon du Medoc. A falta de hamsters, yo seré vuestra cobaya. ¿Alguien más se apunta?

DAVID JOBÉ

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