sexo corro luego existo
24Nov

Sexo

He hecho trampa. Creo que la mayoría de clics en internet responden a instintos primarios como brutalidad, ternura, violencia, escarnio o sexo. No lo juzgo. Sólo lo constato. Un titular que contenga la palabra “SEXO” es un neón para las pupilas. Se hace tanto de eso, últimamente, en internet, que no tiene sentido que esta web de reflexiones sobre el mundo del atletismo amateur se ponga a jugar en esta liga. Pero no he hecho trampa del todo. Realmente quiero hablar de sexo. ¿Te quedas?

El sexo es bueno.

No hay debate acerca de los efectos del sexo antes o después de una carrera. Tal vez lo hubo, hace años, pero una barbaridad de estudios científicos lo redujeron a la mínima expresión. En un magnífico artículo de Jordi Jarque en La Vanguardia (27/07/2012) titulado “Sexo o no antes de una competición” se citan hasta una decena de experiencias de grandes deportistas y entrenadores como Pelé y Pep Guardiola no contrarios o hasta favorables a tener sexo antes de la competición. Y hasta cinco estudios distintos que llegan a la misma conclusión: apenas hay diferencias entre echar un polvo unas horas antes con tu pareja.

Subrayemos esto de “con tu pareja”. Una cosa es acostarse en el lecho conyugal y jugar al teto. En esto están de acuerdo los expertos que, salvo posturas muy cansadas o un coito muy prolongado (que no es tu caso, no seas fantasma) el recibo de la luz sube a unas 300 calorías. Lo que equivaldría a subir dos tramos de escaleras. Al día siguiente, ¿crees que lo notarías? Esa misma noche podrías saldar la deuda con un vaso de leche con galletas.

Seamos guarros. ¿Qué posturas crees que tendrían un mayor desgaste? ¿Sujetar a tu pareja a horcajadas? Yo creo que va bien para estirar los cuádriceps… ¿Hincar las rodillas haciendo el misionero? Son como unas flexiones. ¿La postura del loto? Trabaja la musculatura de tus piernas. Esto siempre y cuando estemos hablando de un colchón. No del sofá. No de encima de la lavadora. No en la parte de atrás de un Symca 1000. Las fantasías déjalas para otro día.

Y ya puestos a recalcular… Sudar un poco antes de dormir tampoco empeora tu rendimiento, no? Ducha, agua fría-caliente para mejorar la circulación, jabón aromático para sacarte las marcas del látigo de “Las 50 sombras de Grey”, y eso sí, antes de ir a la cama puedes estirar un poco la musculatura. Así, como Dios te trajo al mundo empujando fuerte la cabecera vintage de la cama. Estira, estira…

En la década de los 90 leí que un entrenador de la U.E. Lleida (que estuvo en Primera) prohibió el sexo a sus jugadores de viernes a domingo. Debió calcular que, si un 87% de los jugadores estaban solteros, lo más probable es que al sexo se le tuviera que sumar el componente de buscarlo. En los desplazamientos, en los hoteles de concentración, el regalo de una hora de sexo podía agravarse con muchas más horas de pisar bares o discotecas, beber o no alcohol, tomar o no drogas, dormir o no poco, ser o no infiel a tu pareja.

Todo este cóctel de probabilidades sí alteraba al futbolista la noche antes de la competición respecto al deportista que soñaba como un angelote en la habitación fría de un hostal de provincias. De aquí que en los desplazamientos los pusieran en habitaciones dobles. Oler los pies de tu compañero de habitación, verle en ropa interior y tener que dormir con sus ronquidos pulverizaba cualquier lívido. ¿Por qué nunca se hicieron estudios sobre esto? El efecto deportivo de dormir con o sin un subscriptor de Mundo Camión en la habitación.

En los estudios publicados se dan cuenta que el sexo afectaba en muy pocas variables, pero afectaba. Como mínimo en tres. Testosterona. Serotonina. Y sematropina. Las tres son hormonas. Y si habéis estado al lado de adolescentes o embarazadas sabéis que hablar de las hormonas es un negocio peligroso. Casi como ir de barbacoa con Daenerys Targarien. O dejar tu móvil a Mr. Robot. Escribo con el culo prieto como un donnete azucarado.

La testosterona es la diferencia entre lucha o huida. En el caso de los atletas, está claro que le acaece más el papel de gacela que el de león. Aún así, la testosterona se hizo infelizmente popular con el caso de Ben Johnson en los Juegos de Corea del 88. Su efecto fortalece la musculatura, la recose más rápido. Aún hoy en día se puede encontrar sin demasiada dificultad en internet por frascos multicolores de 50 euros en grageas o geles. Se consideraban dopaje en toda competición. En las mujeres, la testosterona aumenta después de un orgasmo. También si están enamoradas. Los músculos al día siguiente tienen mucha más capacidad. En el caso de los hombres es al revés. Cupido es un cabrón. Y el amor platónico sólo da alas a las princesas.

La serotonina es una canción de Manel. Y una proteína casi mágica porque se la conoce en Wikipedia como la hormona del humor o la hormona del placer. También la segrega tu cuerpo después de un body pump intenso. Se la relaciona con la cantidad de luz que recibe tu cuerpo. Después de un orgasmo o de una eyaculación, la secreción de serotonina nos relaja como una copa de vino tinto. Una de las consecuencias es la creación de la sematoprina.

Con esto acabo la perorata científica. Palabrita del niño Jesús. La sematoprina es la hormona del crecimiento. Gracias a ella Messi es Dios. En circunstancias normales, también te agiganta a ti después de un ratillo de amor carnal. Incrementa la retención de calcio en tus huesos. Alimenta los tejidos de los músculos. Mejora la agilidad de los atletas y empeora hasta la ilegalidad los tests antidopaje.

Todo esto en un polvo. Menuda excusa para hablar de sexo. Y pensar que empecé este artículo para probar que hay palabras que disparan los clics en internet. Veréis que contento que va a poner el Sr. Google. Y ya ni te digo mi jefe. Y si está contento, tal vez llegue a casa y le cuente a la parienta (a sus pies, señoríssima) que tal o cuál ventaja de echar la siesta muy juntos antes de una carrera. Y así acabe cerrando el círculo vicioso de hablar menos de sexo y practicarlo más. Por motivos ESTRICTAMENTE deportivos. Conste en acta.

DAVID JOBÉ

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