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17May

Rankings

Nick Hornby tuvo la culpa. En su deliciosa novela “High Fidelity” (tal vez hayáis visto la película con John Cushack) los personajes se pasan el día haciendo listas de las cinco mejores cosas. Psicodelia pura. Los cinco singles principales (de la cara A de un álbum), los cinco trabajos de ensueño del protagonista, las cinco mejores canciones sobre la muerte, las cinco cosas que echaba de menos de su ex-novia, las cinco rupturas más dolorosas (por orden cronológico). ¿Qué tal si hacemos una lista de las cinco mejores carreras de nuestra vida? Da igual si eran de asfalto o de montaña. Da igual si era una milla o 95 kilómetros con 5.000 de desnivel. No importa si era en la fiesta mayor de tu pueblo o la maratón más sofisticada del mundo. Eso sí, propongo las 15 condiciones con las que me gustaría puntuarlas.

1.- Al final de la carrera dan cerveza.
Desde aquí un abrazo a todos los de corredores que se hidratan correctamente. A los que bebéis agua, un saludo. En la Ultratrail del Sobrarbe te daban tanta cerveza como pudieras tomar después de la carrera. Un surtidor de placer y un personal hospitalario que va regando todo lo que has dejado atrás en paisajes de aúpa.

2.- No regalan camisetas de mierda.
Los armarios de los corredores tienen límite. ¿Verdad que todos tenéis lavadora? Pues con siete zamarras técnicas una cajonera está satisfecha. Basta ya de colores fluorescentes. Basta ya de jodernos con las tallas. Basta ya de dar a las chicas la misma camiseta con la mitad de la tela. Preciosa la de la Trail Ermites d’Olesa.

3.- El del guardarropía sabe lo que hace.
¿Eres de los que deja la bolsa con sus cosas con el mismo recelo que un hijo en su primer día de guardería? Así entenderás el miedo a que te pierdan tus cosas. En la primera Ultra Trail Barcelona extraviaron mi bolsa. Suerte de los gallumbos de Juan Carlos. Sin ellos hubiera llegado a casa con dos quilos de agua y barro.

4.- Me dan un bocata y es de butifarra
Hay carreras que se aventuran a darte pan, pero es de fiambre muerto a lonchas. Entreguen sus armas y salgan con el jamón york en alto. Yo huelo la brasa de butifarra antes de salir. Se me atocina el cuerpo y corro como el perro de Pavlov, ensalivado y feliz. Por butifarras memorables la de ‘Les 3 comarques d’Alpens’.

5.- Hay duchas (y no están a más de un quilómetro).
Sudar como un cerdo y querer ducharse debería ser un derecho reconocido por la ONU. Pero hay organizadores que insisten en ponerlo difícil. He corrido maratones que te ofrecían duchas, pero a 43 quilómetros de la meta. Y lo agradable que es dejar correr el agua por tu cuerpo magullado y salir limpio. Buen recuerdo de Rubí.

6.- Te ponen (a) caldo
Ya sabéis de que os hablo. La actividad de un corredor se mide por la cantidad de caldo que tiene en su despensa. Hay dos grandes grupos de fans de esta costumbre: el que se zampa la sopita la misma noche de la carrera para acojinar los huesillos. Y el que alimenta su prole con estos bricks. En la Mitja de Granollers te dan vasitos.

7.- Hay un porcentaje de hombres y mujeres parecido.
En la mayoría de domingos corren más hombres que mujeres. Qué lástima! No creo en las carreras que corren por el cáncer de mama pero sólo dejan participar a una mitad de la sociedad, como si esto sólo fuera un problema femenino. Deberíamos incentivar la participación de todos los géneros. También los transexuales.

8.- La bolsa del corredor tiene más regalos que publicidad.
Algunas bolsas tienen más publicidad que Telecinco. ¿No pagas una inscripción lo suficientemente cara como para recibir tantos anuncios? Tengo una explicación. La media de reciclaje de papel caería de golpe si dejan de dar flyers durante un fin de semana. Se arruinaría la industria papelera. Grandes regalos en la Mitja de Mataró.

9.- Los avituallamientos invitan a pararse.
Hay que tener espíritu Imserso. Coge siempre si es ‘de gratis’. Y si puedes, mucho más de lo que humanamente puedas consumir. Una botella, no dos. Agua. Mmm. No isotónico! Fruta? Claro, me voy a hacer un sombrero a lo Carmen Miranda. Para cuando gel con sabor a Pollo a l’ast? Y una tapa de paella? Y un gintónic?

10.- Las distancias están bien medidas
Siempre se puede echar la culpa al satélite. Pero hay carreras que realmente se han medido muy mal. En algunas falta medio quilómetro y los ilusos se hacen trampas presumiendo de mejor marca personal. Y en otras se pasan uno o dos quilómetros y te gritan ‘árbitro, la hora!’ porque apretaron pensando que faltaba menos.

11.- Hay inscripciones limitadas para disfrutar.
Las vacas del Pirineo no comprenden la fiebre de las carreras de montaña. Bravo por los que limitan los dorsales. Lo mismo pasa con algunas carreras de asfalto que se creen la del Corte Inglés (que es gratis y corre mucha gente) pero paganini. Se dan verdaderos atascos autopisteros algunos domingos de carrera antes de salir.

12.- Castigan a los ‘recortadores’.
Acabemos con esta prole de mierdosos. Si vamos a competir, si vamos a intentar ser los mejores, ¿porque permitimos que haya tijeretazos en cualquier acera? Hay personajillos que salen atropellando, ahora-un-pie-en-la acera-ahora-en-la calzada. Se sienten identificados con el trabajo de esquina. Pensemos en alguna tortura…

13.- Hay aparcamiento o transporte público.
En la última Cursa del Bombers que hice (y que haré) salías de Plaça Espanya y terminabas en el Fórum. Los que venían de fuera de la ciudad tenían que aparcar el coche en un parking, coger el metro, y empezar a correr sin poder dejar bolsa para cambiarse. Respeto, pero que no lo llamen carrera. Que lo llamen ‘Scape room’, no?

14. – Los últimos valen igual que los primeros.
Sólo los ‘losers’ sabemos que es llegar a un avituallamiento y que no quede agua. Acabar la carrera y que no quede sitio ni para hacer cola para un masaje (sin final feliz). Nadie aspira a que le abra la calle una motocicleta, ni a que le den dinero para acabar primero. Pero el último suele pagar y al primero suelen invitarle.

15.- Que me dejen entran en la meta con quien quiera.
Hay corredores que tienen la extraña costumbre de querer entrar con sus hijos. Se dice que da un placer indescriptible rebasar la meta con quien más amas. Hay sitios en que no te dejan, porque no tienen dorsal. Deberíamos desdeñar ese tipo de carreras. Yo en la próxima sueño con pasar con mi suegra. En brazos. Y borracho.

DAVID JOBÉ

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