corro luego existo seniro
05Abr

Sénior

Llegar a viejo es un deseo que me sobreviene algunos miércoles. Es más bien como un anhelo disimulado. Me gustaría, pero no me obsesiona. Por ponerle un verbo diría que lo “pretendo” con el mismo afán, por ejemplo, que el de ser una buena persona. Parafraseando una canción de Antonia Font, (Icebergs i géisers) cantaría que, aunque todos nos estemos muriendo, aunque estemos “davant ses portes de l’infern, tenc plans de futur”. Llegar a viejo será la maratón más dura de mi vida.

Creía que tenía este miedo más o menos bajo control. Hasta que leí sobre Madonna Buder, la semana pasada, en un maravilloso artículo que le dedican en “El Español” y que firma Olalla Cernuda. Buder es una mujer de 85 años, que atesora 325 triatlones y … 45 Ironman. Ya sólo por esto merecía que cambiaran el nombre de la prueba por Ironwoman. Su historia es tan increíble que casi de pasada os confieso que la buena de Madonna no es cantante… sino monja de la Congregación de las Hermanas de la Comunidad Cristiana de Missouri, Estados Unidos. God bless you!

Hace un par de semanas estuve hablando con Miquel Pucurull. De hecho solo quería que mi firmara su último libro “Mai es tard” (Columna) donde narra con una pluma voraz propia de un veinteañero como a sus 79 abriles continua corriendo maratones. Lleva 45 disputados ya. No se lo dije, aunque sospecho que este venerable viejecito ha falsificado su DNI para que no conste en los registros que tiene un corazón de 15 años. En el prólogo del libro, editado por Marc Cornet, Empar Moliner escribe una de las frases más románticas dedicadas a un abuelo: “eres nuestro salvoconducto, Miquel”. Mientras él corra, todos podremos correr.

Yo tengo mis dudas. A veces, me asaltan los dolores musculares, las agujetas, las enfermedades, los cambios de hora y los gintonics. Y pongo en duda mi longevidad. Aunque Bruce Springsteen imaginara que hemos nacido para correr, yo no soy de Nueva Jersey. Un viejo rockero como ‘Pucu’ me lo confesó: “yo no he llegado a viejo para correr. Gracias a correr he podido llegar a viejo”.

La estadística está de su lado. La mediana de vida crece cada lustro. Si os sirve, también crece el consumo de antidepresivos. Por eso creo que, más que llegar a viejo, lo que realmente me reconcome es envejecer bien. Haber superado una o dos síndromes de Peter Pan. Poder descorchar una botella de vino sin que me tiemblen los dedos. Comer un entrecot sin que me caiga la dentadura. Hacer el amor (sin pastillas o con). Correr un poco cada día, detrás de un nieto o delante de una meta.

Cada vez hay más locos. De algunos no se he escrito nada. Pero merecen letras de oro. O como diría Peppa Pig, letras de “auténtico oro de plástico” en este artículo. Hubo 120 hombres y 27 mujeres que acabaron la maratón de Barcelona con más de 65 años. El primero (al César lo que es del César) fue Herminio Mera López, que lo terminó en 2:53:29. Y la primera mujer fue la británica Caroline Horder, con 3:26:58. Que no se me olvide de citar al italiano Ivan Bertolani y la danesa Jytte Randrup Thorbek, que cerraron este maravilloso Hall of fame geriátrico con unos increíbles 6.06:41 y 6:05:04, respectivamente. Todos mayores de 65.

Mientras escribo esto casi me avergüenza haber cojeado un poco al día siguiente de un entreno duro. O echar una mano a la columna con un gesto de dolor exagerado. O decir con la alegría de mis 37 años mientras meneó la cuchara ante la máquina de café “Ay chicos, nos hacemos viejos!”. Qué cojones! Soy viejo! Soy un septuagenario de espíritu. Soy un mierda. Debería aprender de estos insignes sabios: ellos no corren para huir de la muerte. Ellos corren para vivir más y mejor.

Por lo que he leído, Madonna Budler empezó a correr a los 48 años por consejo de un capellán. Cuatro años después hizo su primer triatlón. La monjita debutó con una nada piadosa distancia olímpica: 1.500 metros nadando, 40 kilómetros en bici y 10 corriendo. A Miquel Pucurull fue el sobrepeso el que se le apareció como un arcángel y le convenció de ponerse a correr. Rondaban los años 80. Al cabo de un año hizo su primer maratón.

No hace falta hacer un viajecito en el Delorean para imaginaros como era el correr en los años 80. Piernas peludas, camisetas de algodón, pantalón corto de falda (en mi pueblo las llamábamos ‘meybas’) y una profusión de modelos de zapatillas que debían de ir de las Stan Smith de tennis hasta las nike ‘classic’. La única suerte es que no había ninguna sección para “runners”. A lo sumo, y tal vez igual de insultante en esa época, era llamarlo “footing”. Y lo peor: todo ello con la banda sonora de “Carros de fuego”, perpetrada por Vangelis.

A veces, intento alejar de mis pensamientos los planes de pensiones. La única vía que se me ocurre es continuar entrenando. Correr a pesar de todo. De los años, de los quilos, de los sofás, de la tristeza, de la lluvia, del azúcar invisible, de los lunes, de las excusas, de las patatas fritas, de los orujos y de los ciclistas que desayunan con patatas fritas y orujo.

Hay abuelas que tienen más ovarios que muchos corredores. Por ejemplo, una ciudadana de británica de 65 años que saltó al mar en el puerto de Madeira (Portugal) para intentar atrapar el crucero que había salido sin ella. Nadó unas cuatro horas, según la noticia aparecida en La Vanguardia. Hasta que la rescataron unos pescadores locales. Malas lenguas dijeron que la anciana estaba en misa pascual a la hora prevista para la salida del crucero. Díos mío! No habéis entendido nada. Ese es el espíritu con el que hay que saltar por la borda. Thelma y Louise.

Sería bonito pensar que los geriátricos del futuro tendrán pistas de atletismo, gimnasio y ‘rutas del colesterol’ con limitadores de velocidad. Que a los abuelos les darán bebidas isotónicas en lugar de aspirinas. Cada domingo habrá bocadillos de butifarra y cerveza para los que hayan salido a trotar. Y regalaran los dorsales de la maratón a los mayores de 66 años. Ya me estoy sacando años de encima con solo pensarlo.

Casi de casualidad, y os prometo que sin quererlo, he encontrado una frase de Ludwig Wittgenstein que me ha aparecido en toda su resplandeciente oscuridad. Dado que esta es una web con reminiscencias filosóficas que parafrasea a René Descartes, aparco en doble fila esta sentencia, hecha a medida para concluir este tema: “En filosofía el ganador de la carrera es aquél que sabe correr más lentamente; o el que llega último”.

DAVID JOBÉ

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