corro luego existo rock and roll
24Feb

Rock&Roll

“Salgo a pasear por dentro de mi/veo paisajes que de un libro de memoria me aprendí/Llanuras bélicas y páramos de asceta ¿no fue por estos campos el bíblico jardín? Salta Extremoduro en el MP3. Empieza bien la cosa. Llevo el mejor invento que me cabe en un bolsillo. A excepción, claro está, de un condón. Si tenéis la temeridad de celebrar San Valentín, empiezo con una solemne declaración de amor: ámate más a ti mismo. Y sube el volumen del MP3.

Conquisto la calle. En mallas, abordó el tráfico. Mi semáforo está en ámbar: siempre con la opción “random”, para que salten las canciones aleatoriamente. Saltó de la acera. Temo asustar a una señora mayor con un carro de la compra. Alejarse de la ciudad. Dejar atrás los coches, los edificios, los polígonos industriales. Respingo REM. No sé el título, comosiempre. Perooigoque dice “I’ve had enough, I’ve seen enough, I’ve had it all, I’m giving up/I won the race, I broke the cup, I drank it all, I spit it up”. Se va haciendo el cielo menos gris.

Le otorgo algo de místico al Rock&Roll. Una vez me salvó la vida. Fue en mi primera maratón de montaña. Llovía. Peor que a cántaros. Los charcos se comieron la tierra. Y el agua alicató las piedras. Hacia el 20 había un avituallamiento y por vez primera en mi vida pensé en abandonar y abandoné. Durante un minuto. Me acobardó la espera, la lluvia, el frío. Y me acordé que llevaba el MP3. Con algo de Rock&Roll iría tirando. Tendréis que leer hasta el final para saber si la terminé.

A veces estoy de suerte. Ahora salta U2. Ni más ni menos que Partygirl. Entre las fábricas veo niñatos que se sientan en coches a comer hamburguesas. Tiran los papeles al suelo. La revolución. Me llega el olor a porro. Ya he roto a sudar. La mezcla es cáustica. “I know a boy. A boycalledTrampoline/Youknowwhat I mean”. Me voy alejando del extrarradio. Casi no pienso en el paro juvenil porque me sube el pulso. Miro el reloj. Me voy olvidando de todo.

Llego a las puertas del bosque. Hay un tren que separa la ciudad del campo. Allí todo es más puro, creo. Valdría la pena sacarse los auriculares, pero saluda Rod. “Wake up Maggie I think I got something to say to you/It’s late September and I really should be back at school/I know I keep you amused but I feel I’m being used”. La subida coincide con los acordes. Y voy notando una especie de Guitar hero en los gemelos. Estan rumbosos, hoy, como Zipi y Zape. Concentrado en las piedras del camino ni se me ocurre echar de menos a los Stones.

En el repecho final me atropella Manel. “Unsmacarresus saluden al semàfor i somrius/I mentre arranquen el mésxulo,abans que se’lmengi la nit, et mira alsulls/I juraries que diu:Que ve l’amor, que ve l’amor,que ve l’amorsonantcom un exèrcit de timbals”. Bajo la trialeraateresado, como si fuera Núria Picas. Bum-bum-bum. El corazón me late como en una clase de spinning. Es lo malo del random. A veces corro erecto como un tanque. Hasta que salta la siguiente. Soy un títere vestido con colores ridículos.

Dicen algunos estudios que la música (…) Perdón. La siguiente es FluorescentAdolescent, de ArcticMonkeys. Soy incapaz de entender las frases enteras. Decía que hay expertos que aseguran que con la música adecuada cualquier práctica deportiva puede hacerse con mejor rendimiento, menos cansancio y más sensación de plenitud. En esto le veo un problema: el tiempo. Aguantar una canción que te guste al máximo. O dos. O tres. ¿Qué pasará con la cuarta? Agradecerías vomitar en una cuneta oyendo “Highwaytohell”?

Mierda. Ahora viene “Hurricane” de Dylan. Me encanta, pero la tendría que haber borrado. Dura 8:32. Mecagüenlaputa. La democracia del MP3. Sudado, en medio del monte, con el trasto enfundado en un oscuro rincón prefiero no parar de correr. Se pierden los caminos. Los pinos con sus bolsitas de orugas (cada vez hay más, coño). Ladra un perro a lo lejos. Abro los ojos porque en el monte la mierda de can se puede aparcar sin miedo de multas. Otro día hablamos de los amos de los mejores amigos del hombre.

Iba a sacar a colación otro puto estudio, pero un momento, creo que habrá paz en la tierra. “London calling to the faraway towns/Now war is declared, and battle come down/London calling to the underworld/Come out of the cupboard, you boys and girls”. A veces hasta canto. No a pecho partido. De una manera comedida y discreta. Hasta gorjeo alguna punkarrada. Se me hace corto el camino. Y casi sin darme cuenta estoy de nuevo en el polígono. Entre fábricas y adictos, dicho con todo el respeto hacia los segundos.

A ratos me acuerdo de todo lo te llegaste a meter y ahora me vienes a hablar de vida saludable. De lenteja roja. De “bébete-dos-limones-en-ayuno”. Tus cojones. Tu adición ha mutado: de la droga al deporte. Suena Guns’n Roses. Me da la risa. “I got the shotgun blues, Shotgun blues/I said I don’t know what I did/But I know I gotta move”. Ayer te hiciste 30 quilómetros con dos limones. Hoy 30 más. Vuelve a la droga. Era menos mala.

Vuelvo al barrio con Slash. La señora mayor que antes llevaba al carro vacío va pasito a pasito con la compra. Salto otra vez a la calle. Va a 12 el quilómetro y la admiro más que los los hacéis en 4. Me acuerdo un momento de ti, avi. Tu ya no vas a la compra. Supongo que allí donde estés tendrás el bufet libre que te mereces. Te pienso comiendo una manzana mientras me abraza Antonia Font “I un home tot sol s’avesa i se cuida, quidubtaavui en diad’en Clint Eastwood?/I un home tot sol sopant a sacuina, quidubtaavui en diad’en Clint Eastwood?”. Me llega a saltar en una maratón y seguro que lloro.

Suerte que he llegado a casa. Te molesta que estire en el parquet. Así que allí que me horizantolizo. Esperándote. Pongo cara de haber acabo de subir las escaleras de Rocky con “Eye of thetiger”. Estoy tan feliz que no me importa que suene Adele. Seguro que no me suicido. Intentando atrapar un pie con la mano te miro de reojo. Calibro la distancia que me separa de tu falda. Si tendré energía para subir hasta el piso de arriba. Desabrocharte la cremallera. Montar un avituallamiento en tu cama.

Y sí, ese día acabé la maratón. Gracias al RockandRoll.  Y gracias a que tu no estabas en ese avituallamiento. Porque sabes que hubiera hecho el truco más viejo del Rock&Roll. Dar palmas voceando “Otra, otra” hasta que sonrieras.

 DAVID JOBÉ

 

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