corro luego existo selfie
10Feb

Selfie

Nunca me he hecho una auto-foto corriendo. Confieso que tengo serios problemas para andar y mascar chicle al mismo tiempo. Cámara, correr, enfocar, sonreír son términos que no mezclo. Como garbanzos y dinamita. Como manicura y túrmix. Creo que los ‘selfies’ son una adición peligrosa. Pero tranquilo. Acabo de terminar un curso CEAC sobre ello. Leer este artículo te llevará menos tiempo que colgar tu último entrenamiento en Instagram.

Acotemos. Hay dos clases de corredores: los que se hacen ‘selfies’ y los otros. Iba a escribir “… y los que me caen bien”, pero perdería la mitad de los lectores al segundo parágrafo. Además sería mentira. Sólo me dan rabia. Envidia, tal vez. Pero no me caen mal. Simplemente no me quiero parecer a ellos. Y mis motivos tengo…

El otro día salí a correr con un Instagramer. Huye de ellos como del Zika. Quería que nos hiciéramos un ‘book’ antes de empezar a correr. Perdí 15 minutos. Durante el rodaje me obligó a tomarle instantáneas a cada subida. Fingía como un cobarde. Bullían en sus sesos putos consejos de ‘coach’ tipo “entrena tu alma”, “las subidas te hacen más fuerte, las bajadas más valiente”. Ponía sonrisa de Kilian, pero tenía alma de donut de chocolate. Dulce por fuera. Vacía por dentro. Al final, sudado y con las bambas polvorientas, no quiso ni una puta foto. Tenía prisa para poner un filtro. Que no se vea la mierda.

Yo esprinté para llegar a Google. Los estudios psicológicos que hablan de las auto-fotos coinciden en una única conclusión: detrás del ‘selfie’ hay una galopante falta de autoestima. Allá voy! Cójanme el lado bueno.

Hay informes que acusan el ‘selfie’ de ser el Lord Voldemort de la vanidad. Concretamente, el Centro de Adiciones de Barcelona (menudo nombre!) concluye que “la gente que exhibe solamente lo que quiere mostrar, construyéndose así una identidad que se pone a consideración de los demás para recibir retroalimentación y ser validada (…) indica narcisismo”. A veces –agrega el estudio- sólo “falta de autoestima”.

Sigo plagiando conclusiones. Se ve que en Instagram hay 96 millones de fotos etiquetadas con #me. Hay 36 millones con #selfie. Bastantes almas esperando un ‘like’, un ‘retweet’ un ‘dame argo’. “Soledad? Inseguridad? Vanidad?”, se preguntan. Tal vez. Qué es un narcisista? Según los adictólogos “alguien dominado por la preocupación por si mismo y cómo es percibido por los demás” A ver, modelo, cuántas fotos te has hecho últimamente delante de un espejo?

Supongo que Narciso era fotogénico. Yo no. Pero querido ‘camerafucker’, TU VIDA es mucho más que TU CARA. Eres una persona o un catálogo de emoji free? A veces repaso tu álbum de fotos y echo de menos algo que no sea TU CARA. Los más fans dicen que lo hacen para fortalecer su comunidad de corredores, para inspirar a la gente con sus entrenamientos, para contar historias y presumir de sus salidas, de sus viajes, de sus amigos. Yo te veo un poco solo haciéndote fotos todos los días con tus amigos…

Así que busco detalles en el fondo de la imagen para que me digan quien eres tú más allá de tu jeta. A veces en el fondo de tus ‘selfies’ veo una cajonera mal cerrada, un camino de piedras, una playa, la Torre Eiffel. Se te ha escapado, verdad? Tu brazo –un palo de ‘selfie’ de metro escaso- no paró atención al fondo. En estas ocasiones es donde tu rostro me deja adivinar quién eres (de verdad). Alguien que tal vez cierre mal los cajones (como yo), o te guste correr por caminos de montaña (te pondría un LIKE), o necesites el contacto con el mar (REBLOG), o te guste París. Aunque evidentemente TÚ eres más importante que la torre Eiffel. Por supuesto. Cuidado que no te caigas desde lo alto de tu ego y vayas a hacerte daño.

Pero lo peor de los ‘selfies’ no son las caras. Son las sonrisas. Siempre sonríes? Vas por la vida con la cara de Joker tatuada en el rictus? En todas tus fotos llevas al límite el fenómeno “Ouistiti”. Sabes que es? Según el fotógrafo danés Peter Skjold Petersen y el experto en lenguaje y dicción Tim Bowen es la palabra más adecuada para pronunciar antes de que tu dedo oprima el botón de la cámara. Lo dice un estudio que Nikon promovió el 2010. Te he dicho que quiere decir “Ouistiti” en danés? Monito. Manda huevos. Te he hecho sonreír? No te hagas una foto, aún.

Pero otros estudios sugieren todo lo contrario. Habéis oído hablar de la “fototerapia”? Consiste en ponerte en pelota picada delante de un fotógrafo y que te saque tu lado más sexy. En Girona hay una reconocida fotógrafa, Nicole Golau, que se dedica a esto. La idea es antigua, viene de la Primera Guerra Mundial. Las novias de los soldados Ryan mandaban fotos guarras al frente. Hace unos años escribió y experimentó sobre ello una periodista del The Telegraph británico, Melissa Whitworth. Posó sin ropa, con posturas picantes, para contar su experiencia en el periódico. Salió encantada. Dijo “desde el momento en que puedes enfrentarte al mundo desnuda, ¿qué más puede darte miedo?”

Otros estudios van mucho más allá. La persona que quiere correr un maratón, la que se enfrenta a la báscula, la que se mata en un gimnasio, necesita apoyo. Habrá dejado los porros, pero necesitará un poco de opio. Conéctate a Twitter, cuelga tu ropa fluorescente en Facebook, presume de culo vigoréxico como si fueras una más de las Kardashian.

Me topé después con un estudio de las universidades de Birmingham, Edimburgo y Heriot-Watt (las tres muy british, credibilidad Harry Potter a tope) que observa: “quienes publican ‘selfies’ de forma exagerada suelen tener relaciones más superficiales y peor sentido de la intimidad”. A algunas personas que no hemos nacido ‘nativos digitales’ este tipo de relaciones nos acongoja. Me gusta Matrix, pero no sé se quiero alquilar un piso de realidad virtual para que me hagas fotos.

En las dos hipótesis: ‘selfie’ bueno vs. ‘selfie’ malo se parte de la misma premisa: no te quieres lo suficiente. Pues menuda mierda, porque justamente esta es una de las mejores cosas de practicar deporte: valorarte más, creer más en ti, ponerte pequeños retos y conseguirlos.

Todo esto, queridos amigas, queridos amigos, sin mencionar ni una sola vez a los de la GoPro. Estos merecen un capítulo a parte. Estos, y su palo de Gopro. A ver si adivináis dónde podrían enfundárselo?

DAVID JOBÉ

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